Deportes

Decálogo para enseñar Literatura


Prometimos, la semana pasada, compartir con los lectores de Día D, en vísperas del inicio del año escolar, un decálogo que recogiera experiencias propias y ajenas en este complejo campo del proceso enseñanza-aprendizaje, y en particular sobre la enseñanza de la Literatura.

El decálogo es un formato fácil de asimilar y recordar, y facilita en algo la tarea propuesta en esta serie de artículos. Sin embargo, reconozco que, más que sobrar, quedarán faltando aspectos que el lector, sobre su práctica, podrá ir añadiendo (pues eso no desvirtúa el concepto del decálogo) o, si ese es el caso, podrá reemplazar algunos de los puntos expuestos en el conjunto.

1.De literatura no se habla sino con la letra escrita sobre la piel: uno no puede ser frío, indiferente, cuando habla de literatura. La literatura se actualiza de manera constante, es vida. Cada vez que abrimos las páginas de La Ilíada, sus héroes vuelven a revivir su epopeya, son seres plenos que están allí, esperando saltar con su lectura. Tenga esto presente siempre, hágalo sentir a su auditorio, háblele con esa certeza… motive un diálogo directo con la obra.

 

2.La literatura responde a un contexto, no lo ignore: ¿Tristán e Isolda le resultan ajenos a su tiempo? Tiene razón: son ajenos a su tiempo. Para captar todas sus facetas hay que apreciar la obra en el marco histórico y cultural en que se desarrolla. Por supuesto, en todo hecho literario subyacen valores humanos fundamentales, inmutables, pero su dimensión total depende del momento en que fue pensada; averígüelo, contextualice la obra y obtendrá más provecho de su aproximación.

3.El mundo cambia, el hombre cambia, la literatura cambia: no quiera acercarse a una obra con los mismos patrones de hace décadas atrás. Ha llovido mucho desde entonces y los conceptos han cambiado. Por ejemplo, ahora se puede prescindir de preguntas como: “¿Qué quiso decir el autor de La metamorfosis?”. Más relevante es preguntar al lector cuál es su apreciación sobre ese libro de Kafka, qué le dice su lectura, qué puentes hay entre él y la obra. Al fin y al cabo, la lectura es un ciclo que integra a la obra con el lector, y su producto más viable es la comprensión de lo leído, que en no pocas oportunidades se desliga de la intención del autor. En resumen, priva la recepción, el “qué entiendo”, sobre la emisión, el “qué dice” (es obvio: eso exige mayor responsabilidad del lector, pero hacia allá llevan casi siempre las avenidas de la literatura, a las plazas del crecimiento).

4.Los detalles son importantes, pero no tienen que ser evidentes: lo más productivo de la literatura no está en el texto sino en el subtexto, las emociones que desata una lectura, los pensamientos asociados. Las relaciones inconscientes que establecemos. Estamos en tiempos de virtualidad, donde es posible colegir que por cada tres páginas de texto impreso pueden surgir seis o más basadas en el texto virtual. Claro que los detalles explícitos son importantes, pero estos nos conducen por lo general a otros no tan evidentes que debemos asir a la hora de entender o de explicar un texto. Otra vez, eso exige una lectura más atenta, una segunda o tercera lectura, o una lectura apoyada en otros criterios; crecimiento en fin.

 

El próximo domingo, si lo tienes a bien, continuaremos hablando sobre estos conceptos que aspiran a ser útiles a la hora de enseñar con base en libros entresacados de ese mar profundo de la literatura.

Que la palabra te acompañe


fecha edicion
old id
531020
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América