El Gobierno de Bolivia decretó ayer el estado de sitio ante el clima de convulsión social que agita al país, mientras choques entre ejército y manifestantes se cobraron un muerto y al menos veinte heridos.
"El caos estaba empezando a cundir justo en el momento en que el país empezaba un proceso de reactivación económica y se aprestaba a iniciar un segundo diálogo nacional" con la participación de fuerzas políticas y sociales, dijo en un mensaje al país el presidente Hugo Banzer.
La situación social se vio aún más agravada cuando un contingente aproximado de cien policías se amotinó en un regimiento cercano a la plaza de armas de La Paz en demanda de mejoras salariales.
Los policías, pertenecientes al Grupo Especial de Seguridad (GES), explicaron a la prensa que la medida se origina además en la negativa a obedecer una orden gubernamental de reprimir una huelga de hambre de esposas de policías de baja graduación.
"Estamos en motín porque no podemos ir contra nuestras familias. Estamos cansados de nuestros míseros sueldos" de apenas 400 bolivianos (unos 70 dólares), acotó un policía amotinado.
Desalojadas de la sede sindical donde mantenían el ayuno, las quince mujeres encontraron el modo, amparados por la Asamblea de Derechos Humanos y el Sindicato de la Prensa de La Paz, para trasladarse al recinto policial donde sus esposos se encontraban amotinados.
En tanto, choques entre campesinos y militares arrojaron un saldo de un muerto y tres heridos, cuando los uniformados intentaban despejar el bloqueo de una importante ruta en el altiplano boliviano.
La víctima, Rogelio Callisaya, fue abatida de un tiro en la escaramuza que libraron campesinos y uniformados en la localidad de La Huachaca, a unos 130 kilómetros al sur de La Paz, informó el dirigente Antonio Revollo, miembro de la dirección de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia.
Otros tres campesinos resultaron heridos en los enfrentamientos, según el informe. La central ciudad de Cochabamba volvió mientras tanto a ser escenario de esporádicos enfrentamientos y barricadas de manifestantes con la policía tras el desmentido del Gobierno de que el proyecto de construcción de una represa, origen del conflicto, haya sido descartado.
Según reportes de radio y televisión, los primeros choques con la policía se produjeron en la populosa zona sur de la ciudad, una de las más deprimidas de Cochabamba y se extendieron hasta el centro de la ciudad.
Grupos de universitarios fueron dispersados con el uso de gases lacrimógenos cuando intentaban ingresar a la resguardada plaza de armas, donde está ubicada la prefectura departamental.
Una versión radial no confirmada estableció la existencia de veinte lesionados, producto de los enfrentamientos.
El ministro de Gobierno, Walter Guiteras, informó, por su parte, de la detención de al menos veinticinco dirigentes cívicos y sindicales de Bolivia, que fueron confinados en un avión militar a la tropical comarca de San Joaquín, una retirada zona ubicada cerca de la frontera con Brasil.
Un alto funcionario policial informó la detención de diecisiete dirigentes en Cochabamba (centro) y otros veinte en La Paz, entre los cuales se encuentra el líder campesino Felipe Quispe Huanca, quien encabezó el bloqueo de caminos de cinco días en el altiplano boliviano.
La intensidad de los enfrentamientos en Cochabamba tendía entretanto a declinar, mientras las emisoras y teledifusoras de esa ciudad eran sistemáticamente acalladas con apagones de energía eléctrica, según denunció el alcalde, Manfred Reyes Villa.