El gobierno de Estados Unidos digiere mal la decidida defensa de Brasil de la "reelección" del presidente Alberto Fujimori en un momento en que la Organización de los Estados Americanos (OEA), se dispone a visitar Lima, con la esperanza de impulsar una serie de reformas prometidas por el propio mandatario peruano.
Las declaraciones de Fujimori y del canciller Luiz Felipe Lampreia en una entrevista colectiva realizada durante la cumbre del Grupo de Río en Cartagena esta semana parece haber agudizado el desagrado de la delegación de Estados Unidos ante la Trigésima Asamblea General de la OEA en Canadá, por la posición adoptada por Itamaraty.
En la asamblea, Brasil y México lideraron una cerrada defensa de Perú, invocando el principio de no intervención, para que el organismo regional no censure o aplique sanciones al régimen de Fujimori, tras la denuncia de la misión de observación electoral de la OEA, que las elecciones peruanas padecieron de "graves irregularidades", creando cierta frustración entre los representantes de Estados Unidos y Canadá.
"Francamente, la posición de Brasil fue la más perniciosa," declaró al corresponsal de EL PANAMA AMERICA un alto funcionario de Estados Unidos, hablando a condición de anonimato.
Por otro lado, el congresista Benjamín Gilman, presidente de la influyente Comisión de Relaciones Internacionales, no tuvo ningún reparo de hacer una denuncia pública señalando a Brasil, en particular, como habiendo faltado "en su papel de liderazgo en la lucha a favor de la democracia representativa".
Las declaraciones de Fujimori y Lampreia parecían calculadas a frenar el protagonismo de la misión que llevara a Lima el canciller Lloyd Axworthy de Canadá y el Secretario General de la OEA, César Gaviria, con su mandato de gestionar reformas para reforzar la democracia en el Perú, especialmente en lo que respecta la libertad de prensa y el proceso electoral.
Llamó la atención aquí, como Fujimori aprovechó su rueda de prensa con Lampreia para reiterar su "derecho constitucional" de cumplir en pleno su mandato de cinco años, precisamente cuando se especulaba que la misión podría aconsejar que limite su período llamando a una "elección intermedia".
Fuentes diplomáticas interpretan la política de Brasil en el caso peruano como motivada por la próxima "Cumbre sudamericana" a celebrarse en Brasilia el 31 de agosto y a la que ya fue invitado Fujimori.
Itamaraty proyecta el evento como un acto culminante de la conmemoración del Quinto Centenario de la fundación de Brasil. No obstante, diplomáticos aquí consideran que es un paso más en el carácter afirmativo que el presidente Fernando Henrique Cardoso ha imprimido a su política exterior, especialmente en el ámbito continental en el que no son raros los desentendimientos con Washington especialmente en la esfera comercial.
En más de una ocasión el embajador de Brasil, Rubens Barbosa, ha denunciado la política arancelaria así como también la falta de interés con que la cúpula de la política exterior de Estados Unidos frecuentemente encara
los problemas hemisféricos así como la inconsistencia entre las metas de la Casa Blanca y de un Congreso dominado por la oposición Republicana.
Sin embargo, el caso de las elecciones peruanas parece ser uno de los pocos focos de política exterior en los que el gobierno de Clinton y la dirigencia republicana están de acuerdo.
Así el congresista Benjamín Gilman, presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, emitió una declaración ayer expresando su solidaridad con la posición del gobierno y de las conclusiones de la misión de la OEA.
"La misión de la OEA", señaló, "documento cuidadosamente una serie de fallas