Antes de iniciarse la última Copa Oro, en Panamá llovieron fuertes críticas por el rival que foguearía a nuestra selección antes del arranque de tan importante torneo (por lo menos para nosotros): Granada. El equipo caribeño, para un gran sector de la prensa y aficionados, no era el idóneo; tampoco digno de enfrentarnos.
Hoy, la realidad es otra. Ahora, España, nuestro adversario el próximo 14 de noviembre, nos mira sobre el hombro. Me atrevería a decir que hasta con algo de menosprecio.
Hoy, nos toca calarnos la incómoda situación, aceptar que España vendrá a Panamá con sus figuras, pero no con el “fútbol total” que ha deslumbrado al mundo en los últimos años. Ese se queda en casa.
Tenemos que aceptar que más que un choque serio, es un espectáculo, un gran negocio para los organizadores y hasta ahí. Que será una gran experiencia para los jugadores y aficionados, sí, pero -repito- no será un duelo serio. No esperen esa tarde sacar conclusiones de ningún tipo, porque para la Roja no representamos nada en el mapa futbolístico. Es la cruda realidad.
Regocijémonos aquel día, disfrutemos viendo jugar a nuestro equipo ante la constelación de estrellas españolas. Tomemos fotos y hagamos eco en las redes sociales del histórico evento; mas no olvidemos -insisto- que todo es un “show”.