Recientemente, una joven colega periodista cubría un taller sobre sexualidad que realizaban estudiantes de un colegio ubicado en un barrio popular, y quedó impactada por la “ignorancia” y “morbosidad” de los adolescentes.
Cuando me daba el reporte de la información que cubrió, le expliqué que las primeras conversaciones sobre este tema deben surgir en el hogar, como uno de los tantos que se tratan a diario.
Y es comprensible que muchos padres eviten abordarlos o no sepan cómo hacerlo, lo que hace que los chicos y chicas tengan tantos vacíos, inexactitudes y confusiones.
Como el ser padre o madre es una “tarea” que generalmente no se enseña ni se aprende, aunque hay escuelas para padres, es un hecho que el tema interesa sobremanera a los jóvenes e incluso a los niños.
No es de extrañar que los cuchicheos y conversaciones a baja voz tengan como eje el sexo y la sexualidad, algo tan natural como la vida misma y que muchos insisten en darle un matiz oscuro.
El asunto es que la sexualidad dejó de ser un tabú para convertirse en un tema sobreexplotado. Nos hemos ido a los extremos entre la falta de información y la exageración; en el último de los casos, hay una evidente tendencia comercial.
Ante este panorama y el avance de las barbaridades que se transmiten por vía electrónica, es más urgente que nunca abrir todos los canales de comunicación para que nuestros niños y jóvenes conversen con nosotros el tema que quieran.
Hay que recordar que nada es morboso si lo abordamos con respeto, sencillez, altura y tolerancia.
Dime hijo o hija: ¿qué necesitas o deseas saber?