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Desde Panamá

Amo y me peleo con mi tierra. Las mujeres de mi vida lo saben. Ahora que sus pies se pasean por el calor patrio comprenden muchas cosas.


Dice mi querido Pedro Altamiranda que “Pueblo somos todos, aunque no todo el mundo es igual, no es lo mismo ser pobre que ser rico, que ser General…”pero ya no hay Generales, hay políticos. Qué razón tiene y lo compruebo más en estos días que me ha tocado pasear por mi ciudad acompañado por las mujeres de mi vida.

Me llegó la hora de escribir desde Panamá mi columna “Desde Madrid”. No me traje material para la tarea, quise dejar en blanco el alma para, de la mano de mis hijas, relatarme la emoción de la ciudad recién descubierta por sus ojos madrileños.

En la Avenida de los Mártires les digo con un nudo en la garganta que aquí fue lo de los muchachos saltando la cerca con la bandera, ¿dónde, dónde?, miran por las ventanas. Antes ya miraban con asombro aquella bandera que se ve en lo alto de un cerro, ¡Ancón!, dicen, y en el silencio que se hace por la ex 4 de julio, intuyo que elaboran sus imágenes de aquello que nos pasó.

Dejamos los rascacielos y pasamos por el Choriillo, y les digo que aquí murió mucha gente, la mataron, cuando nos invadieron, ¿por qué?, preguntan, y la verdad es que los nudos en el corazón y el tiempo no dejan repetir la historia. Las casa pobres, los panameños dignos, las animo a que cuando sean grandes no olviden, que cuenten aquello que nos hicieron.

En el Canal, orgullo. Marga y yo comentamos el asombro. Un barco pasa y las niñas saludan ¿Por qué no lo hacen sin puertas y que los barcos pasen y ya está? preguntan las niñas y les contestamos que lo mismo creyeron los franceses y así les fue de mal. Suerte que su tía, que trabaja allí, nos explicó como es la cosa. Hemos conseguido eficiencia, pensé, tenemos que seguir así, siempre hacia la luz.

Quisimos ir a la Feria del Libro y el público abarrotaba la entrada, era una locura de gente con ganas de comprar y espero que de leer, buenos libros. Me resigné a otro año sin Feria: el año que viene, seguro que podremos estar. Me dicen mis amigos escritores que la cosa fue muy bien y hasta un incidente, no de cumbia ni de tajada, se dio a cuenta de Fidel y su dictadura. Ya saben, hay intransigentes e irrespetuosos hasta en las dictaduras. Espero que el interlocutor, por lo menos haya leído el libro.

Hubo un homenaje en la Feria que me perdí, el de mi querido Neco Endara. Pensé que podría llegar pero nada, las redes familiares y las ganas de vernos pospusieron la presencia física sin que eso fuera en contra del cariño y la admiración que estuvieron con él allá en Atlapa.

Amo y me peleo con mi tierra. Las mujeres de mi vida lo saben. Ahora que sus pies se pasean por el calor patrio comprenden muchas cosas. La memoria, los silencios, la bandera que se asoma entre los libros de la biblioteca nuestra, la infancia. Ahora ellas gestionan en el alma lo que Panamá les dice. Voy en el carro, señalando hacia el Jardín de Paz, el lugar donde abuelita Chela yace. Las niñas miran por la ventana y yo no digo más, otro recuerdo que se anuda en el pecho.

Pero está sobre todo la alegría, la fiesta que es Panamá, con la dignidad de su gente, con sus heroísmos cotidianos, con el cariño y la amistad que no rompe ningún gobierno. Nos queda tanto por hacer que tenemos ganas de seguir trabajando. Qué alegría ver, en los ojos madrileños de mis hijas, la luz del sol que siempre me iluminó, ver como este paisito valiente se va agigantando en su memoria para instalarse en el fondo de sus almas.


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942725
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América