La desolación se apoderó de las calles españolas tras la eliminación del equipo español en la Eurocopa de Portugal, después de caer ante los anfitriones por 1-0 en Lisboa.
La decepción que la televisión mostraba en los rostros de los miembros de la "marea roja" española, los seguidores que acompañaron al equipo hasta el estadio José Alvalade, se reflejó en los aficionados que en la tarde de ayer domingo se reunieron en casas, bares e incluso cines, para seguir el partido.
Ataviados con la camiseta roja de la selección, pintados con los colores rojo y amarillo de la bandera, los seguidores españoles trocaron los iniciales gritos de ánimo y el "a por ellos, oé", convertido en el himno oficioso de los hinchas españoles, por un silencio sepulcral que se apoderó de las calles de Madrid.
Poco después del partido, apenas se veían coches y ni siquiera se oían los típicos bocinazos del tráfico, como si los conductores de Madrid quisieran expresar así su decepción.
Incluso la fuente de Cibeles, tradicional lugar de celebraciones de los seguidores del Real Madrid, pero que también sirve de punto de encuentro para festejar éxitos de la selección, se encontraba completamente solitaria.
La única nota discordante la ponían algunos aficionados portugueses que no dudaron en ondear banderas de su país y dar gritos de alegría tras el agónico pase de su nación a cuartos.
Muchos de los aficionados españoles, cuyo ánimo fue llevado hacia arriba al conocer la victoria rusa que apuntalaba el pase a cuartos de España, cambiaron drásticamente sus sonrisas por una cara de póker, en el mejor de los casos, y de tristeza, en la mayoría al ver el gol de Nuno Gomes, que acabó sacando a España del campeonato.
"Menuda panda de "mataos"", decía un aficionado tras salir de la casa de un amigo en el que había visto el partido, dirigiendo su frustración, como hicieron muchos, hacia los jugadores españoles.
Otros se mostraban más resignados y recordaban que "siempre nos pasa lo mismo", por lo que sólo queda esperar una nueva ocasión.
Pero, explicó que siguen muy de cerca las soluciones que surjan a este problema, ya que es preocupante que las tarjetas de llamada no puedan ser utilizadas en los teléfonos públicos, porque la mayoría de las personas que compran estas tarjetas no cuentan con un teléfono de línea fija en sus hogares.
A parte de esto la inversión para crear una tarjeta prepagada supera el medio millón de dólares, sin contar el costo del material ni la impresión.
Aunque todos los nuevos jugadores, se quejaron de las prácticas que lleva a cabo CWP para dilatar todos los procesos de apertura, Roberto Mendoza, vicepresidente de Asuntos Corporativos, explicó que si las nuevos operadores del mercado quieren que sus tarjetas sean utilizadas en los teléfonos públicos de la empresa deben pagar un costo, ya que estos aparatos necesitan mantenimiento.
Según Mendoza las compañías telefónicas nuevas en el negocio no han mostrado disponibilidad para pagar el costo de la utilización de los aparatos de la empresa telefónica de origen inglés.
A la fecha CWP ha sostenido conversaciones con la compañía Voip Comunication entre otras, sin embargo, aún no hay ninguna empresa que pueda decirle a sus clientes que use sus tarjetas prepagadas desde cualquier teléfono.