Bueno, parece que el comandante de boina roja y verbo grandilocuente no era tan malo como lo pintaron. Le pasa como le sucedió a quienes se fueron antes, y ocurrirá cuando nos vayamos usted o yo: cuando muerto, todos somos un dechado de virtudes.
Pero, en medio del estruendo mediático provocado por el deceso de Hugo Chávez, hay silencios que gritan, pero al mismo tiempo, resultan prudentes.
Al malogrado comandante se le recordará por mucho. En la memoria colectiva quedará la imagen de él como el hombre que quiso reencarnar a Bolívar y recrear su ideario en el continente, así como su casi enfermizo apego al régimen geriátrico de Cuba. Pero, principalmente, a esta generación que le tocó vivir y sufrir su época le queda el recuerdo de sus intervenciones, así como de sus choques dialécticos con quienes adversaban su estilo y su visión de la geopolítica.
Curiosamente, tras el anuncio de su deceso, diera la impresión de que todo el mundo simpatizaba con el comandante. A excepción de uno o dos francotiradores que insisten en tirar plomo y ponerle sal a la herida, hemos percibido que hasta en algunas cadenas de televisión que no disimulaban su posición antichavista, desde el martes han suavizado la píldora y parecen más afectos a él que el mismo Nicolás Maduro o que los hermanos Castro, que en los últimos años lo tuvieron como benefactor.
En medio de todo nos llamó la atención la posición del expresidente colombiano Álvaro Uribe, cuya enemistad con Hugo Chávez era visceral. Todos recuerdan las acusaciones mutuas que se lanzaban e, incluso, el incidente de la Cumbre de Cancún en 2010 en la que, supuestamente, durante una reunión privada Uribe increpó a Hugo con retador “sea varón” mientras le reclamaba por un bloqueo contra su país.
En esa época, los medios reportaron que Chávez respondió con un tajante y lapidario “vete al carajo”.
Tras su deceso, muchos líderes se han manifestado. Gobiernos como el de Israel, por ejemplo, han mantenido una posición discreta en vista de que no hay relaciones diplomáticas entre ambos países.
Mientras, esta vez, Uribe prefirió no abrir la boca y optó por la concisión y lo escueto de un tuit: “A los designios de Dios, respeto”. Sea como sea, a Chávez resulta difícil ignorarlo, aun después de muerto.