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Detrás de la gatera

En estos días en que los equinos prácticamente se han quedado en los establos, los trabajadores se han sumido en la incertidumbre y preocupación.


Durante tres días de esta semana que está por acabar hoy el "clásico zumbido de una mosca" sólo se ha escuchado en los establos del Hipódromo Presidente Remón. Por primera vez en sus ochenta años de existencia, el eco y la resonancia del griterío de los enardecidos aficionados a la hípica ha sido silenciado en las graderías de la "Cuna de los mejores jinetes del mundo".
El galope de la actividad del coso hípico ha bajado a medias por el tira y jala entre la operadora del hipódromo y los dueños de caballo por el reparto de premios.
En estos días en que los equinos prácticamente se han quedado en los establos, los mozos de corral, jinetes y trabajadores en general se han visto sumidos en la incertidumbre y la preocupación por el futuro que podría tener "el deporte de los reyes" en Panamá.
La mayoría de ellos han seguido percibiendo sus salarios, especialmente los mozos de corral, sin embargo, no han dejado de sentir el impacto por los días de inactividad en la pista del óvalo de Juan Díaz.
A pesar que se ha llegado a un acuerdo entre la Asociación de Propietarios de Caballos Pura Sangre (APUCAPA) y la empresa operadora del hipo Remón, el velo de la incertidumbre y la preocupación sigue cubriendo con su oscura sombra a muchos de quienes sacan su sustento diario de la actividad hípica.
El Panamá América hizo un recorrido para palpar el ambiente de lo que ha ocurrido en estos días en que los caballos se quedaron detrás de la gatera sin salir a competir a la pista. Nos metimos a los establos para escuchar el testimonio de quienes son los engranajes que mueven la gran maquinaria de la industria hípica.
"Han sido días lentos, tristes... muertos. Cuando hay carreras el ambiente es más alegre, mucho mejor...", sentenció en tono patético uno de los mozos de corral.
Mientras que un atareado y sudoroso herrero, interrumpió su labor de colocar "calzado nuevo" (herradura) a un ejemplar para expresar lacónicamente: "Tras que la cosa no estaba muy bien cuando había carrera, imagínese ahora... el asunto está duro, durísimo".
Los mozos de corral son semejantes a una sincronizada escudería que se encargan de cuidar con celo a cada caballo para que estos rindan el máximo cual máquinas de nervios y músculos.
Carlos Lewis depende completamente de la labor que realiza como mozo de corral, oficio que realiza desde hace 14 años. Aunque el peso del sueño le cierre los párpados, tiene que esforzarse, pues sabe que tiene que ir a buscar el sustento para su esposa y dos hijas y otro que está en camino.
Su jornada inicia en la comunidad de Las Mañanitas de Tocumen, a las 4:00 de la madrugada cuando debe levantarse para llegar al hipódromo donde le espera una dura faena.
A las primeras luces del alba llega al establo donde le esperan los equinos. Comienza por darles una buena cepillada para estimular su circulación y músculos.
Luego, como a las 6:00 sale a la pista para llevar a galopar al que le corresponde. Posteriormente le da una caminata leve para refrescarlo y le da de beber agua. Y después es el momento de darle un vigorizante baño con abundante agua y un champú especial. Para secarlo, le pasa una toalla que consiste en un saco de henequén.
Llega el turno de la comida para el ejemplar en la pesebrera, consistente en una dieta de alimento concentrado y pangola (hierba). Cumplido estos oficios, viene un receso como de 10:00 a 11:00 de la mañana. Entre una y otra tarea, en total su día de trabajo se extiende como hasta las 6:00 de la tarde.
Evidentemente, los días de carreras el trabajo es más agitado. El ciclo laboral de un mozo de corral se repite casi siempre durante los 365 días del año. Es casi imposible hablar de días libres.
Estos trabajadores suman alrededor de 300. Cuentan con su salario, se les paga sus prestaciones y reciben el beneficio del Seguro Social. Aunque algunos se quejaron que no se les paga los días feriados, sino como días normales.
Además de su sueldo, reciben un tres por ciento de beneficio cuando los ejemplares que cuidan resultan triunfadores. Por ello su preocupación durante estos días que no ha habido carreras.
El mozo de corral tiene una agotadora jornada, amén de muy peligrosa. Tiene que lidiar con animales de cientos y hasta miles libras de peso. Pero, no sólo eso. Tienen que tener una sicología nata para comprender el comportamiento de los ejemplares.
Hay algunos que amanecen de mal humor o su estado de ánimo se ve alterado por alguna dolencia física. Además los mozos tiene que estar prevenidos para no ser golpeados por un manotón, pisada o la fuerte coz de un pura sangre.
No faltan a los que tienen afición a morder, por lo que los mozos de corral deben cuidarse ante una posible y muy dolorosa mordida de uno de estos equinos.
Pero es el arduo trabajo de estos esforzados obreros los que hacen saltar de emoción en las graderías a los apostadores y saltar de alegría a los propietarios cuando sus ejemplares pasan al círculo de ganadores.
Ellos esperan como muchos más que todo vuelva a la normalidad y que nuevamente vuelvan a sentir esa indescriptible satisfacción de ver recorrer la pista a esos raudos cuadrúpedos que con tanto afán preparan, acicateados por la huasca del jinete.


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100414
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América