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Día D y la prensa cultural de Iberoamérica


Del 8 al 12 de octubre pasados, una treintena de periodistas culturales se reunieron en la embrujadora ciudad de Guanajuato, en el centro de México, para descubrir que sus problemas son los mismos: poco espacio, arrinconamiento de sus coberturas en páginas mezcladas con chismes de la farándula, bajísimo presupuesto, poca preparación del personal...

Toda Surámerica, Centroamérica, México y España, además de República Dominicana, Cuba y Puerto Rico, se lamentaron a coro.

Panamá América fue el único medio panameño en el encuentro, que es el tercero de su clase que se realiza en tierra americana. El Segundo se efectuó hace 15 años, cuando la cultura todavía era la niña consentida en muchas casas editoriales.

 

Las cosas han cambiado mucho desde entonces.

Testimonios.
Fernando de Ita, dramaturgo, crítico de teatro y coordinador del Encuentro, comenta: "Hace tres lustros el diarismo cultural estaba en auge en Iberoamérica (...) ahora la situación es crítica (...) Quienes estamos aquí, tal vez seamos los últimos hombres de tinta sobre la tierra".

Arnoldo Cuéllar, del diario Correo de Guanajuato, fue más al fondo cuando dijo: "A la élite (la de poder económico y político) no le importa exhibir su ignorancia, ha triunfado la incultura protegida por prestigiosos títulos universitarios".

 

"Hubo un tiempo cuando la gente se debatía entre la hipocresía y la cultura real. Decían leo a Borges y a Cortázar, escucho a Mozart y a Vivaldi, cuando en realidad era mentira. Hoy se puede decir la verdad y no hay ningún problema". Esta frase es de Diego Fischerman, argentino dedicado a la crítica musical.

Añade Fischerman: "Antes, cuando reinaba la hipocresía, el periodista podía calificar el arte, porque el mundo era inculto; se tiraba del hilo sin romperlo. El siglo XX vino a complicar las cosas, porque los modelos del éxito no necesitan la cultura ni la hipocresía, y los medios masivos de comunicación exponen espectáculos masivos en los que no importa fingir".

Panamá.
Le llegó el turno al periodista panameño. Iba en nombre de díaD, el único suplemento cultural impreso en el país. Se refirió a la sensible epidermis de los políticos a cargo del tema educativo y cultural, y cómo rehúyen el tema de la crisis que vive Panamá hace más de 40 años. He aquí un extracto de sus palabras:

 

"Panamá es un país con apenas 105 años de vida republicana. La tarde del 3 de noviembre de 1903 salimos del error colombiano, para meternos en otro tal vez más grave: la construcción del Canal de Panamá, un proyecto que, como todo en la vida, trajo consigo la cal y la arena. Fueron 97 años de conflictos existenciales, y al pie de la letra. Estados Unidos enclavó un gobierno virreinal en el centro de nuestro país, y con tal humillación bajamos varias veces al infierno. Para corregir la historia corrió mucha sangre, siempre sangre de pobre, al tiempo que vivíamos la simbiosis inevitable entre la cultura anglo y la acrisolada forma de ser del panameño. Este sexo extramarital acabó el 31 de diciembre de 1999, cuando salió de nuestra tierra el último soldado estadounidense.

Los inicios.
El periodismo en los primeros años de la república estuvo en manos de poetas. Gaspar Octavio Hernández, quien murió sobre su máquina de escribir en la redacción del diario La Estrella de Panamá, es el símbolo supremo de la época, y aún hoy se le recuerda pues en su nombre se bautizó el 13 de noviembre, fecha de su muerte por tuberculosis (la enfermedad de los menesterosos), como Día del Periodista.

Fueron tiempos de una feliz complicidad entre periodismo y literatura. Los cuentos, las novelas, la poesía... todos los géneros de luz estaban bajo el dominio de reporteros y editores. O viceversa: los mejores escritores del país controlaban los periódicos, las revistas, los boletines estudiantiles, y hasta los panfletos partidarios.

 

Pero algo ocurrió en el camino en estos cien años de república. El hilo se rompió. Los periodistas y artistas dejamos de vivir bajo el mismo techo. Las salas de redacción se quedaron sin raíces, se academizaron, y en el proceso perdimos la música, el toque del alfarero.

Sobrevino la CRISIS.
Yo encuentro la explicación en un periodo que no puedo ni debo ignorar, y son los 21 años (de 1968 a 1989) durante los cuales Panamá estuvo sometida a los designios de la dictadura militar. Fueron más de dos décadas sin crecimiento. Mientras en el resto de Iberoamérica el periodismo se modernizaba, en Panamá nos congelamos, como en una amarilla fotografía, en los credos de los años sesenta.

"A lo expuesto hay que sumarle la tragedia de ser Panamá lugar de tránsito. Por mi tierra todo pasa. Por lo general, tal vez debido a esa especie de nihilismo positivo muy nuestro, se quedan las mañas, las esquirlas de la explosión cultural que nos atraviesa desde que el primer español pisó tierras istmeñas en 1502. Entonces, puedo decir que somos suma. Sin concierto, pero suma al fin. Abrimos los brazos, nos vamos a la cama con cualquier propuesta artística que suene bien, convivimos con las más variopintas tesis sobre la vida, la muerte, la cultura, el dinero, el bien y el mal. De ese concubinato escandaloso ha nacido un Ser panameño, que habita y deshabita una pequeña lengua de tierra en el centro de América.

"En este contexto, en Panamá, el periodismo cultural se debate por sobrevivir. Los grandes diarios fueron sacando de sus páginas el tema, con la excusa válida en el mundo empresarial, de que no atrae anunciantes. El quehacer cultural se convirtió en bien suntuoso, alienígeno, que aparece de vez en cuando en el firmamento, más para decir "cumplimos", que por la convicción de que es necesario para apuntalar la identidad y la democracia. Apenas el servicio de Radio y Televisión estatal, con bajísima sintonía pero un excelente nivel, maneja en su programación diaria los hallazgos culturales de hoy en Panamá.

Buenas nuevas.
"Pero no todas son malas noticias. Me enorgullece ser parte de un proyecto que se conoce como díaD, un suplemento dominical que ha venido a llenar el tremendo vacío que hay en Panamá en cuanto a periodismo cultural, y periodismo en la cultura. Nos hemos propuesto desalmidonar el tema, abandonar el elitismo y poner la cultura en manos de todos.

"El primer reto fue encontrar al editor ideal. Lo encontramos en las páginas dedicadas a la hípica, donde un brillante muchacho, Egbert Lewis, aventajado lector y analista vital, esperaba para hacer que el proyecto fuera un éxito. Creímos en él, y él creyó en díaD, y lo ha convertido en lo que es hoy.

"La Junta Directiva de Editora Panamá América ha sabido ver que la cultura es un vehículo para el desarrollo. Estamos en la batalla por hacer periodismo cultural no tradicional, en busca de lectores más allá del promedio, pero no necesariamente especializados.

"Para contenerlos estamos combinando temáticas clásicas del género, con un universo amplio de posibilidades. Repasamos los temas obligados, vistos con ojos nuevos, y nos asomamos a todo lo nuevo que está ocurriendo, con el rigor clásico. Hay un conglomerado ecléctico de artistas y pensadores dándole otros significados al concepto cultura, y provocando que desde el suplemento disparemos los flashes y pongamos a girar la rotativa.

"Gracias a este espacio, abierto contra todo pronóstico por la Editora Panamá América, en tiempos de sequía intelectual, algunos últimos mohicanos podemos hacer periodismo en la cultura, y los promotores culturales han convertido en noticia sus querencias. Es un matrimonio difícil de llevar, unos porque no entienden las claves del periodismo, y los otros porque el arte les es ajeno. Pero ahí vamos, creciendo y aprendiendo que el amor es una decisión estratégica.


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411254
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América