ELLA: El espíritu está íntimamente ligado a la sexualidad. Me atrevo a afirmar que, sin barreras religiosas, a más espiritualidad, mayores y mejores deseos tendrá la carne. Sin embargo, durante el sexo el yo material (que no solamente es hueso y carne) descubre un sendero que lo lleva a esferas extrañas y lejanas, pero dentro de nosotras es el sitio donde habitan las satisfacciones más plenas, sitio que parece estar vedado al espíritu. Es un rincón donde todo es temblor, jugo y carne. Y con todo, el espíritu lo intuye antes de que el cuerpo llegue hasta él, y entonces se alborota. De paso puedes anotar esto: si alborotas mi espíritu, obtendrás mi cuerpo. Es una de mis promesas más verdaderas. ¿Recuerdas la cita que te envíe de Colette? Pues allí está sintetizado con claridad y sutileza: “... en aquellos instantes toda mi piel tiene alma.”
YO (para mis adentros): Aunque desmigajé la frase de Colette, aunque hice un fricasé con ella, aunque le eché mi impúdica salsa y traté de deconstruirla para tragarla mejor, no pude leer más de lo que ella afirma: que el alma se regó en la piel. Es lo que llamo una sentencia meramente sensacional, una cuestión de los sentidos. Otros dicen menos poéticamente: «Se me puso la carne de gallina». ¿Qué querrá decir mi amiga con eso de “alborotar su espiritu”?...
Bueno, mejor que le mande mi mensaje: «¿Recuerdas que una vez te comenté que “en el momento" todo tiende a desaparecer, desde la compañera, hasta Dios, pasando por la luz y la vida? (¿acaso no quedamos ciegos en el instante supremo?). Siempre me ha parecido que uno se convierte en parte del infinito. Desde que siento estas cosas me he vuelto más panteísta, o mejor Spinocista: “Deus sive natura”. Probablemente lo era desde mucho antes sin tener la más remota idea. Esto me satisface más que “el alma en la piel”. Perdona mi falta de alma. ¿Será alma lo que yo llamo espíritu? Respondiste bien, sobre todo al referirte a la misteriosa esfera de la satisfacción, a ese sitio de la carne que el espíritu no puede alcanzar. ¡Excelente! Crece mi admiración por ti! A ver cómo respondes a la siguiente interrogante que me turba: ¿El sexo nos alienta y nos libera, o nos agota y aprisiona?