Se nota que estoy contenta, ¿verdad? Hoy volví a ver al patrón, y me encanta cuando tengo la oportunidad de estar cerca de él, a pesar de que no solamente la diferencia entre nuestras razas salta a la vista, sino que además él pertenece a la clase privilegiada que manda, mientras que yo, lamentablemente, estoy en el grupo de quienes tienen que seguir las órdenes.
Ellos viven en la casa grande, y yo muy pocas veces he podido entrar allí. A nosotros, por el contrario, nos toca pasar el tiempo bregando en otra parte de la finca, en una humilde casita que solo tiene paredes de madera, techo de hojalata, y piso de tierra. A mi familia le molesta un poco lo que yo siento por él, porque me dicen que el mío es un amor imposible, pero es que ellos no entienden que él es la única persona de la casona que de vez en cuando dedica parte de su tiempo a estar conmigo y darme cariño. Además, sé que tiene que hacerlo a escondidas porque supongo que a los suyos tampoco les agrada la idea de que él se relacione con alguien de mi clase.
A pesar de todo, soy feliz durante el poco tiempo que me dedica, cuando se esconde conmigo tras los arbustos del patio. En esos momentos, siento como si nos convirtiéramos en un solo ser, ya que sus manos se adueñan de todo mi cuerpo, y me transportan a un estado indescriptible, en el que soy feliz al complacerlo en todo y dejarme llevar por sus caricias.
Reconozco que los míos también tienen razón en algunas cosas, porque es cierto que en algunas ocasiones él ha sido algo duro conmigo, pero yo rápidamente lo olvido todo y espero con ansias la próxima vez que venga desde la casona a pasear por acá y me llame a escondidas. De vez en cuando me pongo triste cuando siento perfume femenino sobre su piel, y sé que allá seguramente él recibe el cariño de alguna de las amas, pero su aroma viril es más fuerte que todo, además de que es inconfundible para mí.
¡Cuántas veces he deseado haber nacido en el grupo de los patrones para que él pueda estar conmigo sin temor al qué dirán! Una vez, supongo que para consolarme un poco, él me dijo que mi nombre viene de una gran antepasada mía que dejó muy en alto a los de nuestra raza, pero en realidad esos relatos históricos de mi estirpe en nada me consuelan ni ayudan a mejorar mi situación actual.
Hay algunos días en los que él solamente me brinda sus caricias, mientras que en otras pocas ocasiones, que son mis favoritas, hasta me ha permitido besarlo apasionadamente, y entonces yo aprovecho para tratar de explorar cada parte de su cuerpo que tenga la oportunidad. Nunca hemos estado juntos en público, pero a veces él me ha invitado a dar una vuelta por el bosque cercano. Allí corremos y caminamos juntos, y yo, feliz de estar a su lado, siento como si él hubiera dejado de ser uno de los patrones y yo no estuviera a sus órdenes. Allí, por fin, somos iguales. Ojalá algún día él me proponga quedarnos para siempre entre esos frondosos árboles y construir allí un hogar, alejados de todo.
Lo que más me gusta es oírlo llamarme por mi nombre, porque sé que le encanta. En el campo, él puede decirlo alto y sin peligro de que lo escuchen. De pronto, arroja algo tras los matorrales y me dice:
¡Encuentra la pelota y tráela! ¡Anda, Laika!