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Dios no es panameño


Varias generaciones de panameños han crecido adoctrinadas con la creencia de que en Panamá tenemos la mejor agua del mundo, que Dios es panameño y que por lo tanto aquí no pasa nada. Pero recientes acontecimientos nos han quitado esa venda de los ojos y nos están llevando a poner los pies sobre la tierra.

En los últimos 30 días nos hemos convencido de que calificar el agua como líquido vital no es una expresión hueca.

Es tan vital que la irregularidad que hay en el suministro, debido a las condiciones extraordinarias que se han presentado desde diciembre, no solo nos ha causado incomodidades de distintas índoles, sino que además está incidiendo en nuestro ritmo de vida y hasta en nuestro estado de ánimo.

 

A muchos se nos ha borrado la sonrisa de la faz porque vivíamos confiados a partir de premisas que necesariamente no respondían a la realidad. Se agotaron las palabrerías que nosotros mismos nos creamos para vivir ajenos a la realidad, no prepararnos para la adversidad y rendirle culto al despilfarro.

Las penurias ocasionadas por la carencia del vital líquido tiene su lado positivo. Ahora tendremos que ser más juiciosos con su uso y comprender (como lo hemos hecho en esta crisis) que podemos realizar las mismas actividades empleando menos agua y, sobre todo, quienes siempre tuvimos el privilegio de contar regularmente con ella debemos ser solidarios con la gente a la que esta crisis no le es extraña porque ha vivido inmersa en ella permanentemente.

Vivamos la realidad y dejemos atrás los mitos. Eso de que nuestra agua es la mejor del mundo y que Dios es panameño es puro cuento.

 

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640335
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América