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A Dios podemos ir rogando…

Definitivamente este país no está preparado para nada que no sean los carnavales. Aquí las improvisaciones están a la orden del día. Llega la sequía y las dos vacas se mueren, los árboles no dan para atraer la humedad, los ríos se secan, los embalses se agotan y no hay luz.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / Antropóloga, actriz y escritora

Me parece alucinante. Después de la Ilustración y Bing Bang Theory yo creía que habíamos superado el pensamiento mágico. Yo creía, ingenua de mí, que la humanidad había caído en cuenta de que lo importante en ese refrán no era tanto lo de rogar, sino lo de los mazazos. Es decir, que lo del mazo y los ruegos abundaba en las enseñanzas de aquel otro que dice: ‘Dios ayuda a quien se ayuda’. Pues no. Resulta que no, resulta que aquí, como siempre, nosotros nos tumbamos a la bartola y luego levantamos nuestros ojos al Cielo, esperando que el señor de los ejércitos resuelva los problemas.

Después de esta crisis comprendí porqué se extinguieron los neandertales. Resulta que se fueron al cuerno porque la cosa se calentó más de la cuenta, y no sabían entonar ruegos apropiados a quien fuera menester. Como la ignorancia no exime del delito, les fue mal: ¿no rezas? Pues te extingues.

No se crean, que aquí, preparados, lo que se dice preparados para las contingencias naturales, no estamos. Ya lo he repetido varias veces en esta columna. Pensamos que las estaciones regulares son eternas. Que la lluvia es perenne y que las orillas de los mares se van a quedar justo donde las dejaron nuestros abuelos. Pues miren ustedes que no. Una pequeña sacudida y seguro que nos vamos todos a plantar alcachofas en el más allá, a Eolo se le olvida soplar en la dirección correcta, nos quedamos sin lluvias por unas cuantas semanas y las escuelas se cierran por falta de electricidad.

Definitivamente este país no está preparado para nada que no sean los carnavales. Aquí las improvisaciones están a la orden del día. Nadie tiene la previsión de hacer un plan nacional de contingencia. Lo de buscar energías alternativas está fuera de la mesa de discusión. Tumbar árboles a machetazos para hacer sitio a un par de vacas con cara de pena está bien, lo de repoblar es ciencia nuclear avanzada. Los potreros se extienden por todo el arco seco como un cáncer que deja la piel de Panamá cuadriculada y seca.

Entonces llega la sequía y las dos vacas se mueren, los árboles no son suficientes para atraer la mínima humedad, los ríos y las quebradas se secan, los malditos y denostados embalses se agotan y no hay luz. Así que empiezan las soluciones de emergencia, y como buenos representantes de las soluciones irracionales, pues nos ponemos a rezar. Lo más divertido es ver ahora a qué dios le atribuyen la lluvia, ¿cuál de los señores de las lluvias y el viento decidieron que miraba un poquito para aquí y que nos mandaba el aguacero justo donde lo necesitamos? Porque si cada uno le rezaba al suyo, quizás el que escuchó fue Tlaloc y los rezanderos seguidores de las oraciones radiadas le están agradeciendo al equivocado. ¿No sería mejor, para evitar incidentes divinos indeseados, que para la próxima nos pongamos todos de acuerdo antes de rezar a uno o al otro? Podríamos hacer unas primarias para decidir cuál de ellos es el adecuado para cada tarea.

O podríamos empezar a aprender de nuestros errores y a organizar un plan para la próxima vez que pase esto, un plan racional que no involucre rezos. Un plan que nos dé la seguridad de que las cosas seguirán funcionando cuando algo así vuelva a pasar. Porque pasará. Y Dios volverá a dejar que demos mazazos solitos a ver si aprendemos a valernos por nosotros mismos de una buena vez y dejamos de tratar de arreglar las cosas con preces.


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879261
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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