La mejor manera, o primer paso, para vencer a un rival superior es reconocer que lo es.
Estados Unidos, el gigante de la CONCACAF, mete miedo por la manera, ordenada y efectiva, con que ha venido desarrollando su juego, pero -gracias al cielo- en el fútbol siempre hay cabida para la sorpresa.
Ante EE.UU., será fundamental ejercer una presión constante, achicar los espacios, a tal punto de no darle oportunidad de “sentirse cómodos” sobre la cancha.
El elenco de Bob Bradley tiene todo a su favor. Es un conjunto disciplinado, bien trabajado, en el que cada jugador sabe, a cabalidad, la función que debe desempeñar. Y algo importante, los estadounidenses luchan hasta el final.
A Bradley se le han ido varios jugadores a Europa (Adu, por ejemplo) que venían teniendo una buena actuación en la Copa Oro, pero la situación no es tan grave. El DT norteamericano tiene la opción de echar mano de jugadores como Jozy Altidore y Ricardo Clark, quienes jugaron un papel de primera línea en la pasada Copa Confederaciones.
Así es. Ante EE.UU. habrá que estar a Dios rogando y con el mazo dando. Juguemos con gallardía y honor.