Como manda la tradición, el capitán del Real Madrid, el portero Iker Casillas, fue el encargado de anudar al cuello de la estatua de la diosa Cibeles la bandera con los colores del Real Madrid, el punto álgido de la celebración del trigésimo segundo título liguero del conjunto blanco, que congregó ayer a miles de aficionados en el centro de la ciudad de Madrid.
Seguidores a los que el guardameta blanco no dudó en dedicar un campeonato de Liga, "muy sufrido y difícil", que se le resistía al conjunto madrileño desde hace cuatro años, cuando con un gol del argentino Gonzalo Higuaín selló en el 2008 en Pamplona, su último título liguero.
"Ha sido una Liga muy difícil, muy sufrida, pero al final la hemos conseguido por toda esta gente que está aquí, que se lo merece", señaló Casillas, que con gestos prometió regresar el próximo año con la décima Copa de Europa.
Igualmente eufórico se mostró el portugués Cristiano Ronaldo, que quiso compartir su alegría por la conquista de su primer título liguero con el Madrid con los miles de aficionados que abarrotaron la plaza de la Cibeles.
"La sensación es de mucha felicidad. Es mi primera Liga en España y creo que el equipo y toda esta gente se la merecía. Hemos hecho un año espectacular, el equipo ha estado muy bien y nos merecíamos esta Liga", indicó el jugador portugués.
Uno de los más vitoreados por los aficionados madridistas fue el técnico José Mourinho, que se llevó la gran ovación de la tarde al llegar a la plaza de la Cibeles. "Trabajamos para dar alegría a toda esta afición", señaló Mourinho, que pese a mostrarse mucho más comedido que sus jugadores, festejó también por todo lo grande su séptimo título liguero.