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Discordancias y sentido


Hablábamos, el domingo pasado, de las tensiones, tristezas, alegrías y depresiones que acometen a las personas durante las fechas de diciembre, y animábamos a nuestros lectores a buscar y a encontrar el verdadero sentido de la Navidad, que no parece muy afín al que auspician los comercios y las campañas publicitarias.

Nos hemos propuesto traer a colación las opiniones expresadas décadas atrás por ilustres panameños, cuyos criterios podrían ser de utilidad en ese esfuerzo por vivir la conmemoración de la Natividad de una manera distinta, pero más integral.

Hoy proseguimos con un gran intelectual de estatura continental, Ricardo J. Alfaro (1882-1971), quien afirma: “Es la Pascua fiesta tan llena de prestigios y alegrías para todos: para la criatura inocente que aguarda los dones ansiados del Niño Jesús; para el creyente que le adora como la Divinidad encarnada y para el filósofo que admira y ama su obra de Reformador. Por eso escuchamos con deleite la melodía de los villancicos y nos embelesamos con las dulces leyendas de Navidad: porque se nos antoja que esa estrella que acompañó a los reyes magos hasta el pesebre de Belén, es la misma luz del Ideal que conduce a los hombres al reinado venturoso de la justicia y del amor”. (Navidad, 1920).

 

Posición señera entre nuestra intelectualidad ocupa también Octavio Méndez Pereira (1887-1954), y de él son estas palabras: “¡Niño Jesús!: tú que has sabido eternizar el milagro de tu niñez, haz que los soñadores mientras vivamos, volvamos a ser tus compañeros. ¡Haz que cuando canten los gallos y toquen a gloria las campanas de Nochebuena, no haya imposibles para nuestra alma y nos baste pedir cualquier cosa, por rara, por difícil o espléndida, para que del Cielo nos llegue piadosamente! ”(Navidad, 1920)

Las líneas que vienen son del gran poeta Octavio Fábrega (1906-1973), quien de manera retórica cuestiona las discordancias y los sentidos de la Navidad: “¡Nochebuena! ¡Nochebuena!/ ¿Qué misterio hay en tu místico escenario/ que diluye en nuestras almas una paz ultraterrena?/ ¿Por qué tú, que fuiste nuncio del Calvario/ eres risa y eres gracia/ Nochebuena, Nochebuena?” (Navidad, 1926)

Esa misma dicotomía embelesa al brillante hombre público panameño, Narciso Garay (1876-1973), cuando medita, esperanzado, en este párrafo: “A medida que se acerca la Pascua de Navidad, el hombre de nuestra civilización cristiana occidental siente la nostalgia de la niñez, y con ella un imperioso deseo de sentirse alegre, comunicativo y amable con sus semejantes. ¡Felices si de las ramas y de las hojas del árbol de Navidad de 1923 emanara para nosotros la onda de paz, de concordia y de justicia que ha de infundirnos una noción más profunda y más cristiana del amor del prójimo y del amor de nosotros mismos!” (1923)

 

Cerramos este recuento con las palabras del prestante educador Nicolás Victoria Jaén (1862-1946), quien nos revela su visión de la Navidad diciendo: “No dejaremos de celebrar tan sagrado natalicio, con la adoración del Niño en la misa de la media noche, con las flores derramadas, la cena parca y fraternal y la alegría que rebosa del corazón como la espuma que se derrama de un vaso repleto de vino generoso. ¡Salve, pues, cuna de musgo depositada en una piedra del Portal, alumbrada por los tibios rayos de la fulgente luna de la Palestina ante la cual se postraron humildes pastorcillos con asombro de los ángeles en el cielo.” (1919)

Palabras sabias de próceres que, no por dichas hace tiempo, carecen de valor hoy; al contrario. Celebremos la Navidad inspirados en el mensaje original de Belén. Salud para todos.

Que la palabra te acompañe.


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634234
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América