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Disculpe, ¿cómo dijo?


A partir de un párrafo modelo, comentábamos el pasado domingo sobre el modo en que se produce la incorporación de extranjerismos en el idioma, hasta llegar a esa etapa en que la mayor parte de los hablantes los suma a su vocabulario, olvidando el origen foráneo. Vimos la palabra inglesa esplín (spleen) y la japonesa kamikaze. Hoy continuaremos con otras de la misma o parecida laya.

Ya que andamos por tierras japonesas, repasemos el término haraquiri (de harakiri o hara kiri: abrirse el vientre) alusivo a un suicidio ritual japonés (se dice que allá preferían el término “seppuku”, más acorde con la noble clase social que lo practicaba). No entraremos en detalles sobre el modo en que se realizaba el cruento sacrificio, baste con decir que era privativo de los hombres, se consideraba como una forma de restituir o restaurar el honor perdido y era ejecutado voluntariamente o a solicitud de un superior, siempre enmarcado en una ceremonia.

En la actualidad, cuando estas formas de pasar al más allá han perdido gran parte de la aureola original, la palabra aún puede aludir, simbólicamente, a un acto o serie de actos voluntarios que preanuncian el final, simbólico también, de una persona. “Su tácito respaldo a una ley tan impopular significó el haraquiri para el promisorio candidato”.

 

De los italianos copiamos la expresión tutilimundi (tutti li mondi, todos los mundos), que en boca de algunos sale como “titirimundi” (igual que pizza la pronuncian pixza). Originalmente era un cajón con espejos para ver escenas en un medio oscuro (cosmorama), aunque luego quedaría destinado para referirse a “todo el mundo” (hipérbole que comunica bien: “Que se entere tutilimundi, no me importa”).

Entre la lista de italianismos aclimatados en el idioma español, encontramos “film noir”, expresión propia de la cinematografía, que ha superado el contexto original. Si bien es de procedencia italiana, la frase toma auge con un tipo de cine estadounidense que rodea la II Guerra Mundial, entre cuyos exponentes está la mítica cinta “El halcón maltés”, y actores como Humphrey Bogart, Robert Mitchum, Marlene Dietrich…

La abundancia de claroscuros en una película en blanco y negro, el enfoque en los matices de la personalidad atormentada de los protagonistas, sus gestos, el clima que realzaba esos detalles, hace que se busque aludir con tal nombre a otras situaciones de la vida diaria en los que impera el misterio en torno a hechos ejecutados con cinismo y cierto talante intelectual.

 

Aunque reservada casi por completo a los entornos literarios, la frase “film noir” promueve en el receptor una visión caracterizado por sombras, por dudas existenciales, por acechanzas terribles, con algún espacio para el sarcasmo y la ironía.

“Déjà vu”, en tanto, es una expresión de raíces galas con implicaciones psicológicas que sigue usándose, y quiere decir “ya visto”; es esa sensación de que algo que contemplamos o vivimos nos ha ocurrido antes. Se reconoce al psíquico y filósofo francés Émile Boirac (1851-1917) como el padre del concepto.

Quedan dos extranjerismos del párrafo modelo: delicatessen y kindergarten, de factura germana ambos y de arribo relativamente reciente. El primero identifica los locales de venta de alimentos selectos, a tono con sofisticados gustos contemporáneos; el segundo, de uso más amplio, describe las primeras aulas de los niños con una colorida metáfora: “Jardín de infantes”.

 

¿Ven? No siempre las intromisiones de otras lenguas son malas; si las incorporamos bien y las usamos con propiedad, ayudan a ampliar nuestro léxico, algo que siempre es valioso a la hora de comunicarnos. Bendiciones.

Que la palabra te acompañe.


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647214
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América