Boris Martínez era un hombre de temperamento fuerte; lo conocí siendo ambos muchachos, yo un poco mayor que él, pero no lo he vuelto a ver des de hace más de cuarenta años; mientras que Torrijos, el primero de los dictadores, tenía otra forma de manejarse y, sobre todo, políticamente; ignorante pero taimado, más dado a usar testaferros que a realizar personalmente algún acto que le pudiera causar problemas, lo que en cierta medida significa algún grado de cobardía.
De lo anteriormente afirmado hay varias pruebas. Sus defensores lo primero que dicen es que "él sabía del golpe"; claro que sabía, pero no se atrevió a darlo, lo dio Boris Martínez. Un par de meses después del suceso, en una presentación televisiva, Boris Martínez pronunció un discurso que asustó a algunas personas, y Torrijos, al lado de él no dijo ni pío, pero al poco tiempo, encontrándome en San José de Costa Rica, me enteré que una mañana, al llegar Martínez al cuartel, le cayeron encima por orden del dictador en ciernes. Nenzén Franco y otros oficiales, lo amordazaron, amarraron y lo mandaron al exilio en un avión piloteado, si mal no recuerdo, por Patricio Janson. Creo que por allá todavía vive el ex-mayor-coronel Martínez. Los militares tienen la manía de los títulos y grados. Una vez dado el golpe, todos se subieron de grado militar. Por eso es que hay tantas espadas vírgenes.
Martínez, después del anuncio e inicio del golpe en David, se trasladó a Panamá en una avioneta y en los periódicos de la fecha está Torrijos, y el resto de los confabulados, felicitándolo a su llegada. Esos medios de comunicación se llenaron de fotos de militares, entre ellos Torrijos, rodeando a Martínez y congratulándolo por el hecho. El cuartel de Panamá Viejo se lo tomó Fred Boyd; el jefe de ese cuartel era Amado Sanjur, quien, aparentemente, estuvo indeciso al principio y la Presidencia por Ñeco Bernal, si mal no recuerdo.
Luego de deshacerse de Martínez, Torrijos comenzó a sacar de la entonces Guardia Nacional, a casi toda la oficialidad de esa época, y llegó el mes de diciembre de ese año. Torrijos se había ido a Méjico a presenciar una carrera o un clásico en el que participaba un ejemplar de Panamá. Lo acompañaban, entre otros, Demetrio Lakas y el Coronel Paredes, y para no perder la costumbre de golpearse entre ellos, Sanjur, Silvera y Nenzén, entre otros, depusieron a Torrijos. De ese incidente no tengo información de primera mano, pero tengo entendido que Lakas y Paredes, de acuerdo con los mentideros populares, eran el primero, Lakas, y Paredes, individuos de valor personal, forzaron el regreso. Consiguieron el apoyo de Noriega, en ese entonces en Chiriquí, y regresaron.
Los participantes en el golpe fueron detenidos y encarcelados. Bernal, que se encontraba en Estados Unidos había tomado un vuelo privado y cuando llegó a Tocumen, también fue detenido. Como cosa curiosa, Bernal estaba casado con una prima hermana de Torrijos, algo que no fue ningún problema para que Torrijos comenzara por deshacerse también de él. Por eso estaba con una posición oficial en el extranjero.
A todo esto, ya el mandamás había comenzado a actuar políticamente para consolidar su poder. Primero le había ofrecido la Presidencia del Tribunal Electoral al Ex-Presidente de la República, Don Ernesto De La Guardia Jr., para que presidiera unas supuestas elecciones que él iba a realizar. Don Ernesto no aceptó, y después, ayuno de apoyo popular, se dedicó a imponer y crear medidas populistas, que aparte de los asentamientos campesinos y la nefasta Constitución de 1972 y otra serie de despropósitos, han llevado a nuestro país a soportar problemas ,que los gobernantes que han dirigido nuestro destino, después de la invasión del 89, ya sea por incuria, o incapacidad o temor a un supuesto costo político, no han corregido en la forma adecuada.
A mi juicio, aparte de muchos otros, son cuatro los desaguisados dejados por el dictador, todos ellos muy graves por su prolongación y consecuencias en nuestro desarrollo como nación, que vale la pena recordar. Son: La educación pública, el transporte público, La Caja de Seguro Social, y la enorme deuda pública. El quinto problema, la cerecita del pastel con su adalid y el entorno que primó en ese desafortunado período, lo explicaré de último.
La educación pública en Panamá, tanto la primaria como la secundaria y universitaria fue muy buena hasta que al dictadorzuelo, que quieren ahora convertir en un Nuevo Divus, se le ocurrió utilizarla para tratar de conseguir apoyo popular. En efecto, un buen día nos desayunamos con la noticia de que los niños panameños habían sido declarados "hijos predilectos de la revolución". Y comenzó la debacle educativa.
No se podía reprobar a ningún alumno, no importaba la nota que sacara. Si comenzamos con esa filosofía en primaria, la misma se traslada a la secundaria y termina con descalabrar la Universidad.
De eso tengo referencias de primera mano. Cuando era Rector de la Universidad, Rómulo Escobar Betancourt, un amigo mutuo se le acercó y le advirtió sobre el peligro que significaba lo que estaban haciendo. La respuesta del rector fue que "él estaba ahí para impedir una huelga y no para mejorar la educación". Y ante un grupo de muchachos a quienes querían sacar de la Universidad por sospechar su falta de apoyo al régimen, estudiantes de medicina entre otros, teniendo a su lado al actual rector de la Universidad, el señor García de Paredes, les dijo que "Panamá no necesitaba más "González Revillas (en evidente alusión al reconocido médico) sino médicos de dos años que fueran a la montaña".
Explico lo de los dos años. En la Universidad se comenzaron a dictar cursos para preparar profesores en dos años. Los profesores viejos los bautizaron con el nombre de "los acelerados". Esto puede ser verificado por cualquiera persona que tenga interés en ello.
El resultado todos los sabemos. Tenemos profesores "acelerados" y alumnos "sub-acelerados". La queja ciudadana sobre la instrucción pública es general.
El actual transporte público no necesita ser descrito. Diariamente en los medios de comunicación aparecen las noticias que dicho servicio presta. Pero volvemos a lo mismo, el dictador necesitaba ese apoyo político y lo más sencillo fue despojar del negocio a los que prestaban el servicio y entregárselo a los que se han convertido en lo que es conocido como "los transportistas". Les otorgaron subsidios en el combustible, y toda una serie de prebendas, que han durado por lo que mencioné en líneas atrás, falta de voluntad en la clase política para resolver el problema. Cada vez que hay una propuesta para solucionar la cuestión, en realidad lo que se nota inmediatamente son las barbas del dinero en el futuro negocio.
Con la Caja de Seguro Social también sucedió lo mismo. Fue utilizada para ganar apoyo político, llevándola al despeñadero económico. Es larga la lista de dislates: acceso a los servicios de la Caja por personas no cotizantes; financiamiento de proyectos inmobiliarios que no se materializaban, sino que iban a parar a los bolsillos de allegados al régimen; en fin, la utilización de sus fondos para cuestiones ajenas a su función.
Y en cuanto a la deuda externa de nuestro país, debo decir que nuestros gobernantes se habían mostrado siempre responsables en ese sentido. Al momento del golpe de estado en 1968, no tengo la cifra exacta a mano, pero si no me equivoco, ella no pasaba de los 200 millones. Durante la dictadura subió cerca de los diez mil millones de dólares ($10.000.000.000.00) de donde casi no ha bajado.
No creo que este desastre institucional que tenemos sea un buen legado del Divus. También heredamos de él a Noriega. Este fue el ejecutor de muchos hechos que el autócrata no se atrevía a realizar. En carta de 7 de Julio de 1986, la familia Torrijos en pleno, salió a la defensa de Noriega, calificándolo de "hermano" y el "mayor y más leal compañero y discípulo de Ornar". Y no quiero referirme a la corrupción que produjeron las desafortunadas políticas, por cuestiones de tiempo y espacio, por cuanto eso es material de otro escrito.
Lo que sucede es que todos los procesos humanos tienen una evolución similar: nacimiento, desarrollo, vejez y muerte, y Noriega no es más que el crecimiento normal de la pústula que nació el 11 de octubre de 1968 cuya pus naturalmente tuvo que salir.
No es necesario hablar de los cientos de encarcelados, desaparecidos, asesinados, deportados, a la menor oposición, que se dieron durante la vida del primer dictador; tampoco de los despojos de bienes, eliminación de la libertad de expresión y demás libertades ciudadanas en ese período. Todos las conocemos, aunque algunos de corazón quieran o aparenten no recordar.
En cuanto al tratado, sí. Lo firmó él. Pero esa firma la fueron forjando cientos de panameños desde el 18 de noviembre de 1903. Aunque quizás no falte quien pretenda lo contrario. Por ahí escuché en un programa de radio a Eduardo Morgan afirmar que Torrijos había tenido una visión después del contragolpe y que era el personaje más importante de Panamá, del siglo XX. Para decir semejante barbaridad hay que ser muy corto de entendederas, y como Morgan no lo es, si no todo lo contrario, creo que es un hombre muy listo e inteligente, tengo que concluir que es un redomado carilimpio.
También leí una entrevista que le hacen a Jorge Eduardo Ritter y que salió publicada en el suplemento Mosaico del periódico La Prensa de hace algunos días, en la que con una candidez realmente admirable relata como fue que consiguió, haciendo fila, trabajo con el General Torrijos. Esa entrevista es realmente de antología. Se refiere al primer dictador en términos parecidos a los de Morgan, pero con un lenguaje diría que más refinado; pero bueno, como en ella también hace la afirmación de que la novela Cien años de Soledad "es la mayor obra en lengua española después del Quijote", cualquier cosa se puede esperar de quien traslada el monoteísmo religioso al campo de la lengua española.
No me parece que Torrijos se hubiera atrevido a cumplir la amenaza que una vez hizo de volar el canal si los Estados Unidos no firmaban el Nuevo tratado. No tenía los arrestos suficientes para eso. De otra suerte, barrunto que la lucha por los tratados de 1903 y el Canal, por los que teníamos ya casi un siglo de diferencias con los Estados Unidos, él sabía que era, o le dijeron, que le podía brindar la esquiva popularidad que buscaba. Al contrario de Galtieri, que embarcó a Argentina en la Guerra de Las Malvinas, tuvo la suerte de negociar con Carter y no con Margaret Thatcher.
Tengo la sospecha de que el río Jordán, donde San Juan con el sacramento y las aguas del bautismo borraba los pecados de quienes a él acudían, no queda donde dice el mapa sino que está por algún lugar de Panamá que yo desconozco. Periodistas que defienden la libertad de expresión, abogados que dicen creer en la justicia, derechos humanos y todos los etcéteras, médicos que deben salvar vidas, tecnócratas, en fin muchos, incluidos los perpetuos burócratas, se plegaron al proceso y ahora vuelven por sus viejos fueros luego de bañarse en el absolutorio río.
Espero que el beatífico fluido del Escondido Jordán panameño siga bañando a nuestro país.
Panamá, 11 de octubre de 2008.