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Domingo Ulloa: ‘Meditemos sobre la muerte’

A juicio de prelado, la muerte conduce a la vida y cuando los cristianos sean capaces de perderle miedo a esta, vivirán en plenitud y sin temores. El mensaje del papa sobre una Iglesia pobre para los pobres es una autocrítica, pero es también una reflexión sobre cómo debemos conducirnos todos.


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Perfil

  • Nombre: José Domingo Ulloa
  • Cargo: Arzobispo de Panamá.
  • Origen: Nació en Chitré (provincia de Herrera) el 24 de diciembre de 1956.
  • Estudios: Diplomado en Teología Espiritual por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), en 1990. Licenciado en Teología de la Vida Religiosa por la Universidad Pontificia de Salamanca, España, en el año 2000. Licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Comillas, España, 2002.
  • Ocupación: Sacerdote el 17 de diciembre de 1983. Consagración Episcopal, el 17 de abril de 2004. Tomó posesión canónica como arzobispo metropolitano el 18 de abril de 2010.

Con el nuevo papa posesionado y los ánimos menos exacerbados tras la novedad de la elección, el arzobispo de metropolitano, José Domingo Ulloa, accedió a reflexionar sobre el futuro de la causa católica y la manera como la presencia de un latinoamericano pudiera incidir en el rescate de los que se fueron y la retención de quienes todavía siguen fieles a la doctrina católica.

Aunque no les da mucho crédito a los autoproclamados expertos vaticanistas, Ulloa coincide con quienes dicen que Jorge Mario Bergoglio -al igual que sus predecesores- es un papa “oportuno” para el momento por el que transita la Iglesia.

La Semana Santa, los 500 años de la presencia del catolicismo en tierra firme de América, así como la muerte, son temas sobre los cuales José Domingo Ulloa se explaya en las próximas líneas con la naturalidad, honestidad y franqueza que le son característicos.

Sin el ánimo de hacer comparaciones, si tuviera que decir qué le inspiraba Juan Pablo II, qué le inspiró de Benedicto XVI y qué le inspira el papa Francisco, ¿qué diría?

 

Estoy convencido, por la experiencia de estos últimos años, que el Señor me ha permitido vivir, que cada papa responde a la necesidad que la Iglesia y el mundo requiere en su tiempo. Esa es la experiencia que he podido vivir con Juan Pablo II y con Benedicto XVI. Hay muchas interpretaciones sobre la elección de un papa, pero desde la fe estamos convencidos de que el papa que fuera, es un papa que va a responder a la acción del Espíritu Santo.

Hay quienes sostienen que cada papa es oportuno para su época.

Yo creo que esta elección también nos dice algo. Hay muchos expertos, muchos vaticanistas, pero el Espíritu Santo nos dio una jugada a todos. Que en otros tiempos pudo haber cosas, sí; pero en los que nos ha tocado vivir, hemos visto que está la mano del Espíritu a través de unas mediaciones como lo son los cardenales, con su luz y con su sombra, pero al final podemos ver. Y eso lo hemos patentizado con los últimos papas, como Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y II, Benedicto XVI y Francisco.

El adjetivo latinoamericano no ha dejado de estar junto al nombre del papa desde que fue electo.
¿Cuán difícil será que los latinoamericanos despertemos a la realidad de que se trata de un pontífice universal y no regional?

Creo que pasado el primer impacto, lo que sí no podemos perder de vista es que cada uno somos lo que somos. Es argentino y latinoamericano desde la experiencia en América, y eso es lo que él va a compartir en la Iglesia universal. Pero ya el papa Francisco es el papa de la Iglesia universal, pero con ese toque muy especial que hemos visto en sus actuaciones de las que todo el mundo se ha admirado. Pero eso es lo que hace y vive a diario un obispo o sacerdote en Latinoamérica. Una cercanía total con el pueblo, y creo que ese es el gran aporte nuevo y fresco que el papa Francisco va a ofrecer a la Iglesia.

Latinoamérica es una de las regiones del mundo en donde predominan los católicos, pero también existe la realidad de que la cantidad de apóstatas está creciendo. A su juicio, ¿ayudará a sumar más fieles o traer de vuelta a quienes se fueron, el hecho de que el papa sea latinoamericano?

Creo que en algunas partes va a ser importante que alguna gente pueda volver a replantearse su pertenencia a la Iglesia católica. Yo creo que desde nuestra identidad latinoamericana, pero también desde la forma de sentirlo más cerca y hablando el mismo lenguaje, porque esta realidad que vive Latinoamérica también la viven otros países, y creo que es un tema que el papa tiene muy en cuenta en todo su ministerio. Cómo hacer la nueva evangelización y cómo hablar claro y sencillo esa necesidad de sentirnos pertenecientes a esta Iglesia, conocerla, que es el gran aporte que también nos ofreció Benedicto XVI. En cuanto a la personalidad del papa, ¿cómo incidirá el carácter de Francisco en la percepción de los fieles y no fieles?

La personalidad del papa responde a lo que somos; a nuestros genes familiares, a nuestros genes culturales, a nuestros pueblos, y el factor que la misma Iglesia nos ha hecho. Yo creo que el papa viene a representar, con su personalidad, a alguien muy auténtico, y yo creo que eso es lo que la gente busca, autenticidad. También es muy sencillo, yo creo que está calando. Insisto, creo que es auténtico y ahí está la palabra clave, y eso lo necesitamos todos; ser auténticos. Por muy alto que sea el cargo que tengas, tanto en el sector social como eclesiástico, no podemos perder lo que nosotros somos. Sabemos que el cargo también conlleva ciertas formalidades que el papa ha tratado de flexibilizar, yo creo que eso es grande y maravilloso en estos primeros días que ha estado ejerciendo como papa.

¿Qué interpretación hace de la expresión del papa Francisco sobre tener 'una Iglesia pobre para pobres'?

Yo creo que no es en el contexto solo de la pobreza material. La riqueza de la pobreza, creo que también va por ahí. Pobre, ¿quién es? Es el que está necesitado. En este caso, también necesitado de Dios, y qué hermoso que nuestra Iglesia pueda hacer ese espacio donde todos los que están necesitados, no solo materialmente, sino espiritualmente, puedan encontrar que la Iglesia es el lugar donde puedan saciar todas esas hambres y también el lugar donde puedan enriquecerse no solo en valores espirituales, sino humanos.

¿No pudiera interpretarse esa expresión como una autocrítica?

Yo creo que algo de eso hay, pero también hay algo de reto. También es una manera de aclarar, porque a veces se habla sin conocer realmente lo que es la Iglesia. A veces se habla mucho de la riqueza de la Iglesia, sobre todo por esos edificios que son de siglos pasados, pero después vamos viendo cómo vive la gran mayoría; creo que la gran mayoría de los que conforman la jerarquía de la Iglesia tratan de vivir en sencillez. Y está también el otro lado de la vida consagrada. El problema es que vamos asociando algunas instituciones, pero que incluso si fueran grandes, tienen que estar al servicio de los demás. Lo que no debe ser es que esa riqueza sea para acapararla nosotros, sino para ponerla al servicio de los demás. Creo que sí vale la pena ese llamado que ha hecho el papa, y que sea tomado como una autocrítica, pero para todos.

¿Cuál será la tarea más difícil que pudiera enfrentar el nuevo papa en el contexto de la realidad actual?

El reto siempre es actual. Todo lo que nosotros hagamos es Jesucristo, llevar su mensaje que es la experiencia de Dios y no nos podemos quedar en una ONG más, debemos centrar la vida nuestra y de los demás en Jesucristo, como una realidad que hoy el mundo no quiere escuchar. La cruz es una realidad en la vida de todo ser humano, pero hay que iluminarla desde lo que hemos vivido en esta Semana Santa, en el sentido de asumir el dolor y el sufrimiento, le da sentido al dolor y a la muerte, ahí está uno de los grandes retos de la Iglesia.

¿Cómo la elección del papa toca a Panamá?

Yo creo que estos momentos que estamos viviendo vienen a apuntalar experiencias que ya estamos viviendo en nuestra Iglesia. Vienen a confirmar lo que la Iglesia panameña en estos últimos siglos ha estado realizando. Yo creo que en medio de todos nuestros defectos es una Iglesia muy sencilla, que ha querido caminar. Esta Iglesia panameña ha venido caminando en todas las luchas de nuestro pueblo con la luz y la sombra; eso es lo que hemos estado haciendo y con este papa que viene de esta realidad se está confirmando, por ahí viene la cosa. Hay que acompañar y, sobre todo, ser sembradores de esperanza.

Ante la llegada de la Semana Santa, y en circunstancias especiales, ¿qué debemos esperar?

Estamos celebrando el Año de la Fe y el Año del Jubileo de los 500 años. Creo que esta Semana Santa, no solo para los cristianos, es una oportunidad para que en medio de estas tensiones, de este estrés que estamos viviendo, podamos aprovechar unos días para hacernos preguntas importantes como ¿qué sentido tiene mi vida? Encontrar respuestas a las interrogantes que todo ser humano se hace. Buscar respuestas a la interrogante del dolor, del sufrimiento y, sobre todo, es una oportunidad para ir encontrando luces a las respuestas que transformarían totalmente nuestra vida, la muerte. Yo invitaría a que no tengamos miedo, a que meditemos la muerte, que no olvidemos que estamos aquí solo de paso.

¿Por qué tanto énfasis en meditar sobre la muerte?

Porque la muerte nos lleva a la vida. Cuando yo soy capaz de perderle miedo a la muerte, entonces, voy a vivir en plenitud. Cuando hablamos de la muerte, no es solo muerte física, porque son temas que a lo largo del año nadie los quiere meditar, y creo que este es tiempo de hacerlo porque estamos celebrando la Pasión, la Muerte y la Resurrección. Yo invitaría a que meditáramos estos temas: dolor, sufrimiento, muerte. Pero que no se queden allí, sino que piensen que hay esperanza; entonces, no tenemos que temer, el cristiano es hombre de esperanza. Y estas esperanzas que hunden al mundo no tienen la última palabra; eso lo vivimos los creyentes; Jesús vino a dar respuesta y, es cierto, estas ataduras han sido liberadas.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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