Cada uno de nosotros tiene una afición primordial, una inclinación (o varias) hacia ciertas actividades que superan de lejos a las otras. Ahí tienes al fulo “Puñalada”. Tenía gran inclinación por la bebida y, por supuesto, no sólo defendía su derecho a beber, sino que pregonaba su aversión por los que no lo hacían. Una vez me dijo en un murmullo sibilante: «Paciero, desconfía del hombre que no toma aguardiente».
Por mi parte, si tuviera que hacer una advertencia sería al ciudadano que vota: «desconfía del político que no es inteligente». ¡Uyyy!
Pero, ¿cómo sabremos que es inteligente? Sencillo: cuando es impermeable a la corrupción. Cuando piensa más en ti que en su esplendente yo.
Cuando no se le derrama por los poros una codicia irrefrenable.
Como el sexo, la corrupción está presta a tocarnos en cualquier momento. Si la alegría y las artes son la aspirina que nos alivian del vivir en un mundo irreflexivo, la inteligencia es la única vacuna contra su violencia.
Un hombre inteligente no roba porque respeta y escucha a su conciencia, porque aprecia su libertad; por su dignidad y por su bonhomía. Un hombre inteligente y honrado no rapiña los bienes públicos para sus proyectos privados ni los desliza en su cuenta personal. La inteligencia le da para vivir bien.
Un hombre inteligente sabe reír y rehúye el dolor. El sufrimiento no construye, sino destruye y deteriora. La gente que no ríe me parece peligrosa y resentida, me asustan. ¿Has visto cuán serio es un político en trampas?
Al político inteligente se le nota su vocación de servir. No anda de saltimbanqui por los medios recitando demagogias. Sabe lo que debe hacer para servir a la nación. Su principal preocupación son los servicios públicos. Estará bien informado de asuntos como energía eólica, trenes eléctricos, plantas maremotrices y solares. Un gobernante inteligente defiende a la naturaleza de sus insaciables depredadores y no acepta coimas bajo la mesa. Un gobernante inteligente unifica el país, no lo divide. Un gobernante inteligente prefiere una mala paz que una buena guerra. Un gobernante inteligente…
¡Por Chabitucur!, ¿dónde está ese hombre inteligente?