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¿Dónde está, muerte, tu aguijón?


Una lumbrera se ha apagado. Me cuesta creer que este país tenga una luz de menos. De todas maneras nos queda el fulgor, la estela luminosa de una labor concienzuda de concientización de aquellos que requirieron de su sabiduría, matriculada como lo manda la Poesía, a favor de aquellas mayorías que tienen menos y no se explican ¿por qué? Porque no tienen tiempo.

Sí, hermano, el autor de “El niño y la bomba” ya no está… Pero está en cada uno de los que por N circunstancia estuvimos a su vera, creyendo, compartiendo su Credo y su Padre Nuestro. Está en aquellos que llevamos el corazón a la puesta en escena de “Viaje a la Salvación, y otros países”; en los que lloramos con “Viene el sol con su sombrero de combate puesto”, y en los que reímos con “Mundunción”. Todas ellas, piezas maestras de su dramaturgia, cuya finalidad era ayudar a pensar el Panamá vigesémico, difícil y accidentado, por decir lo poco.

En tiempos en que los inmorales se abanderaron de defensores de la paz y de los Derechos humanos, y de la libertad de expresión y de justicieros, pidiendo Cruz para la Patria, nuestro Poeta fue uno de los pocos que justipreció cada coyuntura, con la verticalidad, la inteligencia y la moral que correspondían a las circunstancias. La Verdad fue su herramienta primera y fundamental para construir opinión. La frente clara, el discurso correcto, viril, enemigo de subterfugios, eufemismos y anfibologías.

 

Sí, compañero, ese señor que nos enseñó a mirar por el Ojo de la Aguja desde la cátedra; a escuchar desde su columna, vértebra de su pensamiento en materia social, económica y educativa; a percibir lo podrido en la opinión del mentiroso; a saborear la poesía que nace de la boca del pueblo, y sobre todo, a sentir Panamá, con sus luces y sus sombras...

Claro que quedan materias pendientes. Es por ello que el deber es comprometerse más con temas importantes como la educación y la cultura, en un “país blackberry” que cada día se vuelve más cosa, mercenario “realitichou”, que suda superficialidad.

Sí, varón, se ha ido, y sin permiso, un verdadero héroe de la nacionalidad, un ciudadano integérrimo, un hermano queridísimo que solo supo dar, servir, orientar… su manera de merecer bandera y lágrimas y un lugar en la memoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?, ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?

 

fecha edicion
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681640
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América