Todavía vive en mi memoria aquellos árbitros del ‘70, personajes dotados de una personalidad férrea y actitud enérgica. Con una apariencia impecable.
Los árbitros, ahora, se agrupan en un supuesto "colegio de árbitros" que no los apoya y que mucho menos respeta sus estatutos.
Los árbitros de antes tenían como deber aclarar satisfactoriamente cualquiera interpretación a la regla y para su movilización en el terreno poseían tres factores importantes: 1- Apreciación. 2- Mecánica. 3-Conocimiento de las reglas.
Amigos, los árbitros están en el diamante para juzgar jugadas y no a los peloteros.
En la actualidad queda clara la desunión y el individualismo que existe entre nuestros oficiales. Aquí empieza el desastre, porque no puede existir buen arbitraje cuando no hay compañerismo.
Nos desilusiona ver que durante los partidos no se protegen unos a otros (en especial a los árbitros de menos experiencia).
Se culpan entre ellos; decretan dos decisiones sobre la misma jugada; acostumbran discutir en público y no privadamente y aquí la pregunta es ¿el colegio de árbitros en qué planeta funciona? Estos aspectos hay que corregirlos con una dosis enorme de ética.
Los árbitros que adivinen decisiones por su poco dominio de las reglas, de seguro perderán el respeto de los jugadores, directores, fanáticos y lo peor es que deslucirán el espectáculo de todos los panameños "Su Majestad" el béisbol, deporte que debemos apoyar con nuestra asistencia a los estadios.