¿Es un realidad el dopaje en el deporte nacional? La pregunta inquieta a quienes prefieren no hablar del tema al ver afectados sus intereses. Pero el dopaje es un tema universal, del cual se debe hablar porque callar sería un error.
Una vez, João Havelange, ex monarca de la FIFA, afirmó que el dopaje sólo era problema del ciclismo y, disgustado, expresó: "en el fútbol eso es raro. Dejen al fútbol en paz".
A diferencia de Havelange, el futbolista Emanuel Petit, señaló: "Se juega un partido cada tres días. Ningún atleta puede soportar tanto esfuerzo. Yo no quiero que las drogas sean cosa cotidiana en el fútbol; pero hacia eso vamos".
Carl Lewis, consagrado por el COI como el mejor atleta del siglo, tampoco coincidía con Havelange: "Los dirigentes mienten. Los controles antidoping no funcionan. Ellos pueden controlar, pero no quieren. El deporte está sucio".
En 1998, ante los casos de dopaje que se dieron en el Tour de Francia, el Consejo Europeo de Viena manifestó "su preocupación frente a la amplitud y gravedad del fenómeno del dopaje en el deporte, que socava la ética deportiva y pone en peligro la salud pública".
Michel Drucker, periodista deportivo, denunció hace un tiempo atrás: "Estamos en plena hipocresía. Cualquiera sabe que es imposible soportar, con un "tubito" de vitamina C, una competencia tras otra.
La drogas, aplicadas masivamente a los atletas, pueden producir medallas de oro, trofeos, cáncer, apoplejía, alteraciones del metabolismo, etc. Definitivamente, el dopaje no podemos ignorarlo.