Rolando Blackman, en el banquillo de los técnicos, fue clave en la senda de victorias que sembró el equipo turco hasta llegar a la final, pero no pudo evitar la impenetrable defensa de Estados Unidos liderada por Durant, que se llevó la corona al vencer a Turquía 81-64.
El equipo estadounidense fue siempre consciente de que debería jugar su mejor baloncesto si quería ganar un Mundial.
Por eso, Durant lo jugó todo y consiguió la mitad de los puntos de su equipo en los primeros veinte minutos de juego, dando una nueva lección magistral de clase y puntería, con 5 de 9 triples.
Los locales, llevados en volandas por una fanática afición, pusieron lo mejor que tuvieron en cada momento y a los seis minutos llegó el éxtasis al ponerse por encima en el marcador, 15-14 y ampliar la ventaja a 17-14 en el siguiente ataque. También ayudó la defensa en zona que ya prácticamente no abandonarían a lo largo del partido.
Cualquier turco hubiera firmado que se acabara el partido en ese momento, en el minuto 7, pero no pudo ser y Estados Unidos se puso a defender. Turquía no volvió a meter un punto hasta el final del cuarto y los estadounidenses recuperaron el mando en el marcador, 22-17.
En el segundo periodo hubo más de lo mismo. Entrega local y control por parte estadounidense que supo marcharse a los vestuarios con diez puntos de ventaja, 42-32 y la final y la medalla de oro encauzadas.
Cada minuto que pasaba pesó como una losa a la selección local, que echó toda la carne en el asador en cada jugada pero careció de armas suficientes para siquiera incomodar a Estados Unidos, que hizo y deshizo casi a su antojo.
El marcador siguió reflejando la diferencia entre los dos equipos, 50-32 a los 23 minutos. Turquía intentó defender en individual pero los norteamericanos ya olían el oro y fue imposible detenerlos.