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Durán batalló con Leonard con un pito en el corazón


Al hacerle el chequeo oficial, dos días antes del combate, los médicos canadienses se asustaron. Ellos sintieron que en el corazón de Durán, algo pitaba como un tren. Inmediatamente dieron la orden de cancelar la pelea, aspecto que motivó la intervención del apoderado de "el cholo", el industrial Carlos Eleta Almarán, quien habló con ellos y los puso en contacto con el cuerpo médico de Nueva York, que había atendido al campeón panameño en la gran manzana.
Dos de los médicos canadienses tuvieron que viajar expresamente a Nueva York a buscar a sus colegas y estos ratificaron que no era ni tren ni pito lo que tenía Durán, sino que las condiciones eran tan extraordinarias que lo hacían ver como un fenómeno entre los fenómenos.
"Cuando ellos regresaron y le pusieron el estetoscopio en el pecho al panameño, se preguntaron alarmados. ¿Este muchacho es una persona o es un toro?. Allí se convencieron y dieron el visto bueno para que se efectuara el combate. Según esos galenos, Durán tenía como especie de un pito de tren dentro de su corazón
Durán se preparaba para enfrentar al invicto norteamericano, Sugar Ray Leonard el 20 de junio de 1980 en Montreal, Canadá.
Este combate estuvo en peligro de no realizarse, a escasos dos días de esa fecha, tras la orden de los médicos canadienses que atendían al panameño en Montreal.
El periodista Alfonso Castillo Coronado, quien acompañó a Roberto Durán en muchos de sus viajes al exterior, a cubrir íntegramente su preparación y posterior combate, comparte en esta entrega anécdotas, interioridades y otros aspectos realmente desconocidos dentro de la carrera del más grande boxeador panameño de todos los tiempos.
A criterio de Castillo, a quien se le atribuye la responsabilidad del apodo de "Mano de Piedra", el choque entre el invicto norteamericano Sugar Ray Leonard y el panameño Roberto Durán, constituye uno de los mejores espectáculos deportivos en la historia del mundo.
Esa noche, el 20 de junio de 1980, hay que recordarla siempre, porque además fue el día en que Panamá se quedó sin aviones, indica Castillo, hoy en su casa, recuperándose de un malestar que lo obligó a una hospitalización por más de dos meses.
"Fue una conmoción tan colectiva y espontánea, que no hubo medio aéreo para trasladarse a Miami y allí posteriormente a Montreal, sede del combate.
Castillo narra que había que ver la cantidad de gente que acudió a esa cita deportiva, tildada con justa razón como "La Tercera Guerra Mundial".
Ya sea en transporte colectivo (camiones) como si fuese ganado o en trenes, llegaban fanáticos de todas partes del mundo. Muchos panameños estuvieron allí, presenciando ese magno espectáculo, al igual que canadienses, norteamericanos y de otras latitudes.
Aunque a muchos se les hizo el milagro de llegar temprano a presenciar la pelea, otros llegaron casi rozando al tañido de la campana para el primer asalto.
Castillo recuerda que para ese combate viajó con casi tres meses de antelación. Fue uno de los que participó en la caravana que acompañaba a Durán a correr. Allí también estuvieron Eusebio Pedroza, Ratón Lastra y muchos otros.
Recuerda que la primera etapa de la preparación se hizo en Panamá, con el consabido respaldo de su fanaticada. La otra etapa, la más fuerte, se cumplió en Nueva York, bajo las órdenes de los estrategas norteamericanos Freddy Brown y Ray Arcel. El panameño Néstor "Plomo" Espinoza también formó parte del equipo de trabajo.
Fueron realmente unos entrenamientos serios y a conciencia. Me acuerdo como si fuese hoy, que se estableció un campamento en Nueva York. Había una loma grande y empinada, que hizo que Durán padeciese de fuertes dolores de cintura. "Le prohibieron que siguiera haciendo carretera en ese lugar por el daño que le estaba causando".
Creo-sigue contando Castillo desde su residencia en Cerro Viento- que la preparación para ese combate fue la clave de todo. "Si Durán no hubiese estado preparado en la forma como subió al ring, no podía resistir ni imponer ese extraordinario tren de pelea que impuso en cada uno de los quince asaltos y que al final le dio el éxito que todos en Panamá estaban esperando".
Al hablar sobre la preparación en sí, en qué consistía, Castillo fue enfático en señalar que no era nada "especial", sino sistemática y metódica.
Tanto Freddy Brown como Ray Arcel y "Plomo" Espinoza, tenían las riendas de la preparación. Ellos llevaban el ritmo de acuerdo a sus conocimientos y vasta experiencia.
Eso sí, agrega Castillo, fue sacrificante, extenuado y arduamente riguroso en todo momento.
"Nos levantábamos temprano, como alrededor de las cinco de la madrugada y nos lanzábamos a correr bien abrigados en los campos de golf cercano al hotel, desafiando el frío.
"Muchas veces corrí al lado de Durán, sintiendo su respiración, conociendo de primera mano la extraordinaria condición que iba adquiriendo día a día", agrega.
Con relación a la alimentación, Castillo señala que Durán comía de todo, pero eso sí, dentro de los parámetros que ordenaba Freddy Brown.
"Por ejemplo, en el desayuno había tostadas, ensalada de frutas y jugos. Era un desayuno completo para un atleta, no para alguien corriente", manifiesta el periodista.
"Muchas veces vi a Freddy Brown meter la mano en el plato de "el cholo" y quitarle una o dos tostadas, al igual que cereales. "Ya en los pesos ligeros, Durán estaba cogiendo peso y con mucha fortaleza".
El boxeador panameño era tan famoso y aclamado por todos, que muchas veces en plena preparación, turistas y otras personalidades lo acompañaban a desayunar.
Sobre el mote de "Mano de Piedra", Castillo comenta que fue una noche en que transmitía una de sus peleas en el desaparecido "Neco de la Guardia". Allí, dice: "Ese muchacho tiene manos de piedras, porque al que le pega, se cae". Ese comentario, sigue diciendo el veterano profesional de la pluma, lo profundicé en mi columna de "Crítica", además de que otros colegas le siguieron. Valga destacar que Durán hizo los méritos para conservar ese apodo que le dio fama y gloria a nivel mundial.
El colega periodista, quien a veces fungió como Relacionista Público de Durán, organizándole conferencias de prensa en el exterior, ha sido objeto de muchas entrevistas para reconocidos y prestigiosos medios de prensa.
Además del combate Leonard-Durán, Castillo conserva fresco en su memoria otro de los combates más aguerridos de Durán en su carrera boxística. Se trata de la noche en que en el Madison Square Garden ganó su tercera corona mundial, venciendo por K.O. en ocho asaltos a Davey Moore. Allí obtuvo la corona Super Welter de la AMB.
Recuerda que Durán tenía alrededor de 33 o 34 años y muchos eran del criterio que debía retirarse. Había hecho algunas peleas anteriores a ésa, sin la preparación debida.
Yo antes del combate me encontraba cerca de Ray Arcel, cuando éste comentó: "Me gusta; está nuevamente en excelente estado físico. "En esa forma, él sólo puede perder contra él".
Según el versado periodista, en esa pelea se dio la segunda asistencia más grande de la historia de ese afamado coliseo de Nueva York. Castillo, un cronista deportivo por excelencia, no sólo se dedicó al boxeo, sino que cubrió eventos automovilísticos y series latinoamericanas de béisbol.
Para Alfonso Castillo, quien se repone de un derrame cerebral, producto de complicaciones con la diabetes, le abriga la firme esperanza de recuperarse y estar nuevamente en el aire con el Programa "Impactos Deportivos", al cual le dedicó 42 años de su vida, habiendo realizado 11, 268 programas consecutivos".
Al final de su diálogo con El Panamá América, Castillo considera como muy difícil que en Panamá nazca otra figura deportiva como Roberto "Mano de Piedra" Durán.
"En Durán había objetivos ya trazados, con proyecciones definidas. Un boxeador que pegaba con ambas manos; un atleta con carisma y que paralizaba todo un país cada vez que subía al ring. Alguien así no nace dos veces".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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