Roberto "Mano de piedra" Durán, con 52 años de vida y ahora con 210 libras de peso encima, recuerda cada una de sus peleas y las describe en su estilo duro, cargado de malas palabras y en su acelerado acento panameño.
Esta información apareció publicada en el diario de Hoy de El Salvador. Durán fue parte de la esquina del salvadoreño Carlos Hernández, quien se coronó campeón superligero en Las Vegas. Estoy de acuerdo, y contento que se me considere entre los grandes, ha sido muy difícil entrar en el mercado americano, para ello tuve que tirar muchos golpes.
Muchos lo recuerdan como un peleador de mucha potencia Lo que pasa es que la gente no me conoce bien. Siempre he sido boxeador. Lo que pasa es que tenía dos estilos de pelea. Boxeaba, pegaba y me fajaba a la vez.
La gente veía como que me fajaba más, y lo que pasaba es que cuando veía un boxeador que ya estaba completamente listo, lo atacaba y me le iba encima de una vez. A Ken Buchanan ¿le dio un golpe bajo?
Mira, a Buchanan lo ayudó mucho el árbitro de la pelea, porque de verdad que no aguantaba y debieron haber parado la pelea mucho antes. Cuando él se cayó, dijo que le había pegado en los bajos, pero eso era mentira, él ya no aguantaba. Asalto que tú puedes ver de esa pelea, el árbitro se metía. Levanté las manos en un asalto, creyendo que ya se había acabado la pelea, y después me llama a pelear de nuevo. No sé por qué el árbitro esperó hasta el 13º, 14º asalto para parar la pelea.
Bueno, digo que en realidad Marvin Hagler no me ganó. Sé que me lo gané a él.
Él toda la vida ha sido fuerte. Muy duro. Recuerdo que cuando le metí una trompada en la cabeza en el tercer asalto, me rajé la mano, una fisura del hueso, y eso también influyó.
Después de Hagler vino Tommy Hearns, su primer nocaut.
Bueno, cuando vi la pelea de Leonard con Hearns, creí que era un gallinón. Un promotor fue a Miami y dijo que me daba tanto por la pelea, y te doy un adelanto de 500 mil dólares sin firma, y así fue. Me dio un cheque y lo cambié, y tuve como dos semanas de farra. El primer trompón que él me dio en la cabeza, me revolvió todo ese guaro viejo, y trataba de pararme, pero no podía. Digo que fue mi peor pelea, porque no me preparé. Ganó su cuarto título en 1988, con 37 años. Es un caso de longevidad. Lle doy gracias a Dios porque siempre he sido por naturaleza fuerte, y nunca he tenido debilidad en hacer los pesos. Conozco tanto de medicina y de vitaminas que yo mismo me fortalecía.