Todo parte de la educación que estamos brindando tanto a hombres como a mujeres, aporta el psicólogo y educador Jesús López.
“Debemos aprender a entender que en el ser humano, independientemente de que usted es mujer y yo soy hombre, hay algo dentro que es igual, que es la capacidad de sentir, de pensar, de amar, de odiar, de crear cosas buenas y malas. Eso es idéntico y es allí en donde debe apuntar el sistema educativo, además de ayudarnos a preservar esa pureza que tenemos”, afirma.
López apunta que el sistema educativo nos está enviando un aprendizaje de que quien no cuestiona, no critica y no aprende a pensar es de verdad inteligente.
Pudo comprobarlo cuando llegó a España, por estudios, y lo primero que le dijeron fue: “A ustedes no les enseñan a pensar”. Y eso qué significa.
Pensar es cuestionarse a cada momento lo que está sucediendo dentro de uno y la proyección que uno tiene con los demás y qué hago con la información que recibo, cómo la incorporo a mi vida, cómo utilizo tal lección, tal aprendizaje para poder ser mejor ser humano, responde.
La situación es más compleja porque “tenemos los valores totalmente trastocados”, explica.
Agrega que se puede revertir con educación y el aprender a sentirnos orgullosos. “Eso sí resulta una buena vacuna emocional y afectiva para no tener que estar buscando esas otras salidas”.
Plantea otros fenómenos a los que no se les está dando importancia como el sentido de identidad.
“Es la fragilidad de la llamada identidad social del panameño. Hemos aprendido a entender qué es normal y no es normal. Yo viví en España 12 años y usted ve cómo hablo. Mi hijo más grande nació acá, pero en lo que íbamos y veníamos siempre le decía: somos panameños”.
“Conocí al Sr. Julio Zachrisson, panameño, el mejor pintor del mundo en su técnica, que es el grabado. Está casado con la hija de Gonzalo Torrente Ballester, uno de los grandes literatos españoles del siglo XX. Zachrisson es sanfelipeño y lo encontré en Panamá, y pareciera que nunca se hubiera ido. Me dijo: “Lo que me hace valer a mí es mi identidad, cómo yo me conduzco, cómo yo hablo, eso es lo que establece esa diferencia”, -que es buena, pero acá aprendimos a entender que ser panameño es motivo de vergüenza-“.