Duele ver que tras casi un mes de iniciado el año lectivo, muchos colegios —en su mayoría de la capital— hayan tenido que aplazar la entrada de los estudiantes por falencias en sus estructuras.
Molesta que en un país en el que todos se jactan del crecimiento sostenido de la economía y que repitan que somos un dechado de virtudes, no seamos capaces de tener los centros escolares en condiciones mínimas que permitan el inicio de clases sin tropiezos.
Es cierto que se trata de miles de edificios a nivel nacional y que, quizás, sea humanamente imposible tener a todos en el mejor estado, pero de allí al evidente descuido del que estamos siendo testigos, hay un trecho enorme.
Nos debe avergonzar que en un colegio como el Artes y Oficios, que tanto ha aportado a la mano de obra del país, los estudiantes reciban clases sentados en inodoros y en condiciones tan precarias que parecen surrealistas.
El colegio José Antonio Remón es otro caso patético. Apenas a mediados de esta semana comenzaron a dictarse clases, mientras, los profesores y los estudiantes se mantienen bajo el riesgo de que el cualquier momento el cielo se les venga encima. Y la lista es más larga; en ella están el José Dolores Moscote, el Francisco Miranda y el colegio San Miguel Arcángel para mencionar algunos. Ni mirar hacia el interior.
Si de buscar culpables se trata, la lista sería larga. Responsables son las autoridades de hace 10 años que dejaron que se diluyera el Fondo de Equidad y Calidad de la Educación (Fece), después hubo quienes se dedicaron más al mercadeo que al fondo, como también la tienen los ciudadanos por no ser guardianes de las escuelas de sus hijos que frecuentemente son saqueadas por quienes residen en sus predios.
Pero por mucho que haya varios factores que inciden en el deterioro de las escuelas, es una obligación constitucional del Estado garantizarles una educación igual a todos los estudiantes, por lo que no tener las instalaciones listas para que todos comiencen el año lectivo al unísono vulnera sus derechos. Se trata de una negligencia intolerable.
Antes el problema era que los salones estaban llenos de estudiantes y faltaban profesores por nombrar, ahora se carece de espacios seguros y las excusas sobran. Parece que estamos retrocediendo. ¿O no?