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Educar, ¿un apostolado?


La educación y el periodismo tienen en común que, además de ser profesiones, quien las ejerce debe sentir vocación y compromiso.

En la primera hay compromiso con la formación integral de hombres y mujeres. La segunda está comprometida con la verdad, la justicia, con la necesidad de informar y estar informado, y con el ejercicio y disfrute de todos los derechos humanos.

Pero los docentes se enfrentan actualmente al gran reto de entusiasmar a los estudiantes por el saber, a que participen activamente en el proceso educativo.

 

Recientemente, un colega periodista que es docente universitario, me contaba que estaba a punto de “colgar los guantes”, desanimado por la actitud de los estudiantes.

No les interesa aprender, andan en la nebulosa, no cumplen con sus compromisos (son irresponsables), no se informan, son conformistas con la mediocridad, se molestan cuando se les exige calidad.

Las anteriores son algunas de las actitudes que angustian a este profesor, defensor del lenguaje, quien anotó en su lista de barbarismos la palabra “haý” (el estudiante intentó escribir “ahí”).

 

Yo creí que había escuchado mal y le respondí: ¿Qué? Su respuesta fue: -Sí, así como lo escuchas.

Los estudiantes le huyen a mi colega e incluso algunos hasta se retrasan en su graduación porque él es el único que dicta determinada materia.

Este es otro caso de quien desea ser buen docente pero se enfrenta a estas situaciones que ponen a prueba la vocación y ante las cuales hay dos caminos: Les sigues la corriente a los estudiantes y no te estresas, o luchas y luchas porque transiten por el camino que los lleve a la excelencia. Lo último desgasta bastante cuando te enfrentas a la indiferencia.

 

Seguir el segundo sendero requiere de hombres y mujeres que pongan a prueba su vocación y es lo más conveniente en la formación del capital humano. Pero debe ser también la única ruta que aprueben y apoyen los que dirigen los centros de enseñanza, los padres y madres de familia, y las autoridades educativas.

Vale la pena seguir adelante por los buenos estudiantes y por aquellos que luchan por seguir. No obstante, continuar con el apostolado por los descarriados y que necesitan más ayuda, es igualmente válido.

Lo peor que puede pasar es continuar en el sistema, pero vencidos, dejando que los estudiantes continúen con su desinterés y hagan lo que les da la gana. Quienes están en esta fase, es mejor que se retiren, que renuncien, que se dediquen a otra actividad.


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596871
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América