ROGERIO De Ma. Carrillo salió el año pasado de la subasta pública del Haras Cerro Punta llevando de la mano a una potranca hija de La Bakana y a un macho hijo de Gyzofacyl. Ambos tenían como padrote a Proud Truth.
Además de llevarse las dos piezas, a Carrillo y su hijo Ricardo, quien a la postre sería el entrenador de ambos, les tiritaba en la mente una expresión que dijo Alberto Paz Rodríguez cuando procedía a subastar a los más de 20 caballos: "En toda subasta yo hago un pronóstico y hoy les digo que este hijo de Proud Truth en Gyzofacyl va a dar de qué hablar el próximo año".
Paz Rodríguez tenía razón. Ese hijo de Proud Truth en Gyzofacyl hoy tiene 3 años, lidera la puntuación en la serie clasificatoria para el Clásico del Caribe, es dueño de una de las tres joyas de la triple corona, el domingo será uno de los favoritos para ganar la segunda gema y es conocido con el sugestivo nombre de El Abogado.
"Mi padre se encarga de escogerlos y yo de entrenarlos", explicó el ingeniero y profesor universitario Ricardo Carrillo G., quien tiene a su cargo el entrenamiento de El Abogado.
Carrillo señaló que curiosamente nunca habían asistido a una subasta organizada por el Haras Cerro Punta y en consecuencia tampoco habían tenido compitiendo para las aguerridas sedas del Stud Comanche a ningún animal criado en esos lares.
Aprovechando una invitación, el exmagistrado y eternamente hípico, Rogerio De Ma. Carrillo, asistió a la subasta y salió de ella sorprendido y satisfecho. Sorprendido porque cuando decidió que iba a participar en la puja por el hijo de Proud Truth en Gyzofacyl tendría mucha oposición, pero no fue así. Satisfecho porque se llevó los animales que quería y de "ñapa" un buen augurio de boca del subastador.
"Él se fija mucho en el pedigrí y en la conformación de los animales para escogerlos", refirió Ricardo Carrillo sobre su padre y puso como ejemplos recientes a Gitano, Toda Una Vida y por supuesto a El Abogado.
A Ricardo Carrillo, ingeniero de profesión, le costó un poco decidirse a entrenar caballos de carreras, a pesar de que desde niño estuvo involucrado con la actividad debido a que su padre Rogerio De Ma. Carrillo ha sido dueño por muchos años.
Don Rogerio instó a su hijo para que se decidiera a entrenar los caballos de la familia porque "cuatro ojos ven más que dos". Un infarto le sobrevino a Don Rogerio, hace seis años, situación que aceleró la decisión de su hijo de tomar el control de la cuadra y, por ende, "darle esa satisfacción a mi padre".
A pesar de haber tenido muchos caballos, Rogerio De Ma. Carrillo nunca se atrevió a poner a ninguno de ellos el nombre de El Abogado.
"Es que tienes que pensarlo bien si le vas a poner tu nombre o el nombre de tu profesión a un caballo; no lo puedes hacer con cualquiera", reflexiona Carrillo.
"Mi padre es el que le pone nombre a los caballos. Un buen día me dice: ese caballo se va a llamar El Abogado. Pienso que ese nombre se lo puso porque era el caballo en el cual tenía esperanza", amplió el ingeniero. "Alguna iluminación divina tuvo que haber tenido para ello".
En cuanto al animal, su entrenador recuerda que comenzó a desarrollarse y a hacer sus pininos, aunque no era un caballo que rompiera relojes, se veía que tenía mucho corazón.
Llegó el día del estreno y El Abogado no mostró mucho, "quizá porque no sabíamos cuál era su estilo de correr", recuerda.
Augusto Marín lo condujo a esa primera victoria semanas después, pero en la siguiente carrera volvió a correr mal. Marín dio como excusa que "era un lote mucho más duro". Pero la monta de la primera vez comparada con la segunda fue muy distinta.
(continuará)
El Abogado de los Carrillo
Varios jinetes se negaron a montar a este caballo debido a que tenían la mira puesta en otros ejemplares.