El boxeo mundial tuvo este 2009 el anuncio inesperado del retiro de Oscar De la Hoya de los cuadriláteros.
Fue el mejor boxeador-empresario después de Alí. Fue el boxeador con la carrera mejor planificada de todos los tiempos. Ese fue Oscar de la Hoya, que el 15 de abril en una sorpresiva conferencia, dio a conocer una decisión que se esperaba pero que se retrasaba: su retiro del boxeo.
De la Hoya cerró una carrera en la que logró diez títulos mundiales en seis divisiones. El descendiente de mexicanos anunció su decisión en una conferencia frente al Staples Center (Los Angeles), donde hay una estatua suya.
Colgó los guantes cuatro meses después de recibir una paliza de Manny Pacquiao, su cuarta derrota en sus siete últimos combates. A los 36 años, el oriundo de Los Angeles abandonó la actividad con una marca de 39 victorias (30 ko) y seis derrotas.
De la Hoya, campeón olímpico en Barcelona 92, no le ganaba a un rival de peso desde que en 2002, superó a Fernando Vargas. "No es justo para mí y mis fanáticos seguir peleando si no puedo competir al máximo nivel", admitió. La edad empezó a pasarle factura, sufriendo derrotas en años recientes ante Félix Trinidad, Sha- Mosley, Bernard Hopkins y Floyd Mayweather Jr. "Llegué a la conclusión de que ya basta", declaró el "Golden Boy" ante cientos de fanáticos, entre ellos, el actor Mickey Rourke y el comediante George López. El deportista conquistó su último título en mayo de 2006, cuando noqueó a Ricardo Mayorga por el cinturón wélter del CMB.
De la Hoya, que continúa ligado al boxeo como promotor con su compañía Golden Boy Promotions, trascendió más allá del deporte. Fue particularmente popular con las mujeres. Y sus peleas fueron de las mejores vendidas para la televisión. Su último combate por una corona fue en mayo de 2007, cuando perdió ante Mayweather por el campeonato wélter del CMB, en Las Vegas.
En toda la conferencia, De la Hoya estuvo emocionado. Las lágrimas más profundas fueron cuando se refirió a su padre, Joel, que estaba en la sala. "Recuerdo las veces que me llevó al gimnasio y no paró de apoyarme. Vivimos momentos difíciles sobre el cuadrilátero, pasamos por todo, pero mi padre siempre estuvo conmigo. Gracias por haberme exigido al máximo", le dijo. Y se quebró. El boxeo también lo llora.