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El adiós a una cantora popular

La “Negra Sosa” “fue y es, una clase de lo que debiera ser una nación, una mujer integradora de esencias, una perfumista de la canción en la búsqueda, no del aroma perfecto, sino del aroma del lugar", según el músico argentino Fito Páez


Hay cantantes que son mucho más que una voz, mucho más que una canción y una melodía. Son el símbolo vivo de un mensaje que llega hasta el alma de un pueblo. Su música es un himno a la vida, al dolor, a la injusticia, a la fe, a lo profundo y a lo cotidiano. A lo que importa, en definitiva.

Eso fue Mercedes Sosa, una cantora popular cargada de ideología y de compromiso que puso el sentimiento latinoamericano por encima de las fronteras y supo rescatar en sus canciones la más pura esencia de nuestra identidad.

Su muerte deja huérfanas tantas ideas y tantas luchas. Porque a su increíble voz, acaso la mejor voz argentina, le agregó siempre la firme convicción de sus ideales. Jamás “La Negra” Sosa eligió una canción vana en su repertorio, sólo para grabar un éxito. Ella nunca se lo hubiera permitido. Sabía muy bien que su público la escuchaba con el corazón y con la mente.

 

Nada fue fácil en su vida. Su figura robusta y su perfil indígena de mujer tucumana, nunca tuvo que ver con las preferencias estéticas del mercado. Tampoco su manera de pensar, siempre muy lejos de las ideas dominantes. Tuvo que ser muy talentosa para ganarse un lugar, y muy luchadora para jamás darse por vencida.

Esa incorrección política la llevó por el camino de la militancia, la prohibición y el exilio. Recién a su regreso en 1982, cuando la Argentina recuperó la democracia, sus seguidores le otorgaron una dimensión mítica que terminó de posicionarla entre los artistas verdaderamente grandes de la región.

Salió del puro pueblo y jamás renegó de eso. No necesitó cantar tangos, ni hablar con tonada porteña, para ser la voz de mujer argentina más conocida y respetada en el mundo entero. A las zambas y chacareras propias del norte de su país les agregó un sinfín de melodías latinoamericanas. Todas con un mismo hilo conductor: luchas, alegrías y tristezas de gente común, de pueblo de adentro, de patria indoamericana.

 

Decía que cantaba para no morirse y lo hizo hasta el último momento. Varias veces la salud y la depresión la acercaron a la muerte. Pero volvía a cantar y renacía con más fuerza. Algunos de sus más grandes éxitos recorrieron el mundo: Gracias a la vida, Canción con todos, Un son para Portinari, Alfonsina y El mar, son piezas artísticas del más alto nivel, valoradas tanto en los escenarios de Europa como en los últimos rincones de América.

Su estilo campesino conmovía y deleitaba. La imagen regordeta y pesada con el bombo en la mano parecía de otra época. Anticuada, obsoleta. Pero su voz dulce y melodiosa llegaba de golpe con la intensidad de un mensaje actual y profundo, de la más pura modernidad. Acaso estas contradicciones forjaban su encanto, capaz de sorprender y conmover a públicos tan diferentes.

La honestidad intelectual que la acompañó toda su vida, le impedía cantar lo que no sentía en el fondo del corazón. Y eso, junto a su cálida voz, le regaló la incondicionalidad absoluta de los que amamos su música.

 

Murió “La Negra” Sosa, América pierde una de sus mejores cantoras populares. Humilde, rebelde, luchadora, incansable, comprometida y talentosa. Muy talentosa. Muchos la vamos a extrañar.


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480566
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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