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El agua y el desarrollo del Canal de Panamá (1)

uno de los requisitos fundamentales de nuestra economía es incorporar el valor del agua a la visión del desarrollo, como recurso natural estratégico del país. Sin embargo, a estas alturas no hay una política actualizada sobre este componente y menos un diseño científico de su valor, que permita dimensionarlo como activo económico en la contabilidad ambiental de la nación.


Cuando se analiza la situación climática de tierra firme en Panamá, país situado en la Zona de Convergencia Intertropical, se aprecia claramente la importancia estratégica que tiene el agua como recurso. Y es que particularmente su condición orográfica, orientación de la cordillera y singularidad climática hacen que sobre su extensión se derramen 223 700.000.000 m3/año de agua pluvial. Esto brinda un potencial per cápita de 57.300 m3/hab/año de aguas escurridas (1) , en sus 52 cuencas, de las cuales se usan solamente en la actualidad 2.013 m3/hab/año, incluido el uso por el Canal de Panamá.
Fuera del Canal, nuestra sociedad utiliza un 1,34% del potencial descrito (768 m3/hab/año), con uno de los consumos domésticos per cápita más altos de América Latina: 444 l/día, cuando el promedio continental es de 300 l/día. En otros usos productivos los índices revelan el bajo desarrollo en materia de agua: de las tierras irrigables del territorio nacional sólo un 38% está bajo riego superficial (2) (corresponden más que todo a las explotaciones de banano, caña de azúcar y arroz); y de un potencial hidroenergético estimado en unos 14.000 GWH, sólo hay capacidad instalada para la explotación del 17% (3) .
Del total de las aguas derramadas sobre el territorio nacional, un 4,3% se precipita sobre la llamada Región Oriental de la Cuenca del Canal de Panamá, cuenca tradicional que abarca 3.315 km2 de tierra continental, para llenar los 423 km2 de espejo lacustre del embalse Gatún. A su vez la adición a la cuenca hidrográfica del nuevo territorio llamado Región Occidental de la Cuenca del Canal de Panamá, eleva la extensión bajo administración de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) a 5.527 km2, o sea un 6,8% del territorio istmeño, ampliando su dominio sobre el patrimonio hídrico nacional.
El conjunto de operaciones de la Autoridad del Canal de Panamá, de tránsito de barcos, generación hidroenergética y suministro de agua a la población metropolitana suma actualmente un consumo de 5 508.007.699 m3/año de agua, cantidad que significaría un total de B/.55.080.076,00 si se le pusiera valor al líquido en su cauce natural, por ejemplo de B/.0,01 el m3, y que no se paga .(4)
La sola operación del canal destinada al transporte de barcos consume hoy día un total de 2.801.732.700 m3/año de agua en promedio, representando un uso per cápita equivalente a 966 m3/hab/año; esto es un 25,8% más que todo el uso per cápita del resto del país. No obstante si se revisan las estadísticas económicas del Producto Interno Bruto (PIB), se observará que un 37,7% está vinculado directamente al uso productivo del agua, y que siendo la empresa del Canal el más grande usuario del líquido, sólo contribuye con un 14,9% a esa cantidad (cifras del 2003).
Esto nos pone frente a una primera incongruencia entre la obra interoceánica y la nación panameña: la sociedad hidráulica impuesta a Panamá con el Canal, no se realiza para promover la transformación socioeconómica nacional, como sería por ejemplo la formación de un nuevo régimen agrario avanzado. "El agua de la vía acuática sencillamente se administra para incrementar la rentabilidad de la mercancía producida y transportada del mundo industrializado, mediante la reducción de sus tiempos de retorno, pero no para intensificar la rentabilidad de la tierra, elevando la producción agrícola a sistemas simplificados y de escala"(5) .. Dicho de otra manera, se realizó un orden ecológico simplificado en el agua para el monocultivo del servicio interoceánico de transporte acuático; y la consecuencia es que el país que se hereda 91 años después de construida la obra, sigue siendo el país de una sociedad pluvioagrícola, atravesado de Norte a Sur por una sociedad hidráulica segregada de la nación(6) , de la más alta tecnología. Y nada indica que haya en nuestras elites políticas gubernamentales una visión para revertir la caducidad de este fenómeno, a pesar de que el Estado colonial norteamericano ha sido liquidado.
Las cifras expuestas sobre las existencias y potencialidades del recurso hídrico ponen a cualquier buen observador en el camino de afirmar, que uno de los requisitos fundamentales de nuestra economía es incorporar el valor del agua a la visión del desarrollo, como recurso natural estratégico del país. Sin embargo, a estas alturas no hay una política actualizada sobre este componente y menos un diseño científico de su valor, que permita dimensionarlo como activo económico en la contabilidad ambiental de la nación.
El agua en términos de recurso tiene tres escenarios que interactúan simultáneamente en la asignación de valor: el natural (valor diferencial), el social (valor de uso) y el de mercado (valor de cambio). Estos escenarios han permitido establecer un modelo para el diseño del valor, que integra cuatro componentes de análisis: el de uso directo, el de uso indirecto, el de uso potencial y el de coste de existencia. Veamos lo que significan.
Uso directo: Este valor está determinado por la inversión directa de medios y recursos para el uso del agua. Su magnitud está determinada por la infraestructura tecnológica de operaciones y el trabajo socialmente necesario para la producción y reproducción del servicio; pero también por los valores de los recursos naturales perdidos en razón de las necesidades infraestructurales de funcionamiento del complejo (tierras fértiles, biomasa, recursos minerales, etc.), los cuales deben ser cubiertos en forma de compensaciones al momento de la inversión.
Uso indirecto: Son valores existentes, que se ponen de relieve con el nuevo uso que tendrá el agua natural. Tienen dos orígenes: a) valores de uso que se pierden con la nueva actividad (transporte, pesca, uso doméstico, etc.); b) beneficios ganados en forma de ahorros por la obra proyectada, por las ventajas comparativas y competitivas del drenaje natural a utilizarse (ubicación geográfica, facilidades de acceso para el servicio que se instala, etc.).
Uso potencial: Son valores que equivalen a la pérdida de oportunidades por otros usuarios, al ponerse en función el nuevo uso. Están vinculados fundamentalmente a la cantidad y calidad del agua, que debido a su uso por el proyecto programado, elimina otras posibilidades viables. En este renglón entra a jugar un gran papel la pregunta: "agua para qué?"; pues el tipo y objeto del uso limita o elimina otras oportunidades
Coste de existencia: Son los valores correspondientes a los costes ambientales para garantizar el sostenimiento de los ecosistemas (se incluye la internalización del gasto ambiental de las aguas residuales de la operación, a lo cual está obligado quien contamina).
Si se analiza la distribución del presupuesto de gastos que maneja la ACP, puede observarse lo siguiente:
El valor de uso directo está incorporado en el rubro de gastos, en lo que concierne a la operación estricta del complejo hidráulico. Sin embargo es conocido que nunca se ha realizado un avalúo de los recursos naturales perdidos, como son la biomasa, los recursos minerales del subsuelo y los suelos productivos del valle del Chagres, hoy inundados. Cuánto vale lo perdido, qué de esto se compensó y cómo se compensó?, son preguntas hoy día difíciles de responder, pero que necesitan una respuesta.
Ningún rubro incorpora gastos por los valores indirectos de uso, como es por ejemplo el correspondiente al ahorro generado por la ventaja comparativa de un medio geográfico, que en un estrecho paso de apenas 81,6 km de longitud entre dos océanos estratégicos, con una altura máxima de 102 m en la división continental(7) , permite correr un caudal hídrico igual al de los largos ríos de América .(8)
El gasto no incorpora el equivalente en pérdidas de oportunidades. Es decir que no cubre el valor del agua en sus rasgos intrínsecos como materia prima; esto es el agua natural del Chagres y sus tributarios en las puertas de entrada a los embalses, donde se inicia el proceso de la producción ampliada. No se paga así la cantidad y calidad del agua que el río Chagres garantiza en excelentes condiciones y que deja de utilizarse en otras actividades, debido a las exigencias del tránsito de los barcos.
  1. Las Antillas disponen de 2.600 m3/hab/año, Suramérica de 37.000 m3/hab/año y Norteamérica de 17.000 m3/hab/año en promedio.

  2. Ver "Marco Conceptual de la Política Nacional de Recursos Hidricos". ANAM - Arden &Price Consulting.

  3. Cifra correspondiente al año 2000 e incrementada actualmente por el funcionamiento de Estí y la tercera turbina de la Central Bayano.

  4. Este es un valor que podría presumirse de aceptable de acuerdo a algunos parámetros existentes en América Latina. La propia ACP cobra a comerciantes e industriales la tarifa de B/.0,025 el m3, por extracción de agua natural en las fuentes bajo su jurisdicción.

  5. Zárate Manuel. "El Agua, el Canal de Panamá y la coyuntura estratégica nacional", Revista "Archipiélago" Nº 40, pág. 23, publicación del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Autónoma de México.

  6. Kart Wittfogel, en "Las Civilizaciones Hidráulicas", establece una correspondencia entre el dominio del hombre sobre el agua y el ordenamiento político social de nuestras sociedades. Así habla del orden político social que se corresponde con las economías agrarias de la pluviagricultura (lo que muchos conocemos como agricultura de secano), de la hidroagricultura, o uso de la irrigación temporal en pequeña escala y de la agricultura hidráulica, basada en el manejo de fuentes sustanciales de abastecimiento de agua, lo que a su juicio produjo la creación de civilizaciones llamadas "hidráulicas" en nuestra historia.

  7. El Corte de Culebra, de 14,5 km de largo, rompe la División Continental de nuestra región central por una garganta ubicada entre el Cerro de Oro (200 msnm) y el Cerro Contratista (125 msnm).

  8. El río Chagres marca un caudal promedio anual de 162 m3/s.


La primera expedición llegó a Darién en 1698, después de una travesía de tres meses y medio, durante la cual muchos murieron de fiebre.
Los colonos, que estaban muy impresionados con su nuevo hogar y lo bautizaron Caledonia, el antiguo nombre de Escocia, enviaron a sus familiares descripciones entusiastas de la tierra y de los indígenas Kuna, con quienes habían firmado convenios de amistad.
Sin embargo, tenían pocas provisiones y no tuvieron éxito en el comercio.
España, que dominaba a Panamá en el siglo XVIII, presentó fuertes objeciones a la presencia escocesa en su territorio.
En su visión más amplia del tablero europeo, William Paterson estaba interesado en mantener la paz con Madrid y pidió que las colonias inglesas en el área no proporcionaran ninguna ayuda a los escoceses.
Después de haber soportado las inclemencias del trópico, las enfermedades y el hambre, para los colonos ésta fue la gota que derramó el vaso: en junio de 1699 partieron hacia Nueva Inglaterra, hoy Estados Unidos.
Los rumores acerca del abandono de Caledonia llegaron a Escocia en septiembre de 1699 y al principio la gente se rehusó a creerlo, pensando que eran fábulas difundidas por los ingleses.
Una segunda expedición escocesa llegó a Darién el 30 de noviembre de 1699, el día de San Andrés.
Sin embargo, los españoles estaban decididos a eliminar esta amenaza, situada en tierras vitales para el transporte de oro y plata desde Perú a España, ya que la colonia de San Andrés estaba muy cerca de Portobelo, el principal puerto comercial del Caribe en Panamá.
Los comerciantes de Sevilla prestaron dinero al gobierno para que una fuerza expedicionaria expulsara a los escoceses.
Aunque los colonos obtuvieron una victoria en Tubacanti, era muy poco lo que podían hacer en contra de la flota española, con un número muy superior de efectivos.


fecha edicion
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199413
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América