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El aliento de eternidad

“Seguimos imaginando el paraíso bajo la especie de una biblioteca” Tomás Eloy Martínez


Me entero de la muerte de Tomás Eloy y voy de una vez a buscarlo en la hilera de escritores argentinos de mi biblioteca. Siento unas vengativas ganas de darle un uppercut a la muerte revisando sus libros. Sé que tengo dos: Santa Evitay El vuelo de la reina. Si los abro, si releo algunas de las frases subrayadas, seguro que avivaré la olla de la vida y con el cucharón del tiempo probaré a imaginar a Tomás Eloy sentado en su escritorio puliendo, reescribiendo párrafos; y lo veré que se detiene, apoya la cabeza sobre los puños, sonríe y vuelve a la computadora para atacar el teclado con rapidez. Está vivo. Así es la imaginación si se confabula con los libros.

Busco los libros. Nada. No aparecen. ¡Por Pithias! ¿Dónde están? ¿Los habré prestado? ¿Serían víctimas de alguno de los dos ataques perversos de polillas que sufrí en los últimos tres años? Sí, es posible. No quise ni ver los títulos que habían devastado. Los encerré en una bolsa (harta de veneno), muertas las polillas también, entre los escombros de sus víctimas.

Si no aparecen, de todas maneras me quedan mensajes inconmovibles de sus páginas. La que más melló mis ideas fue El vuelo de la reina. Que no es cosa de olvidar a ese Camargo (Cama - amargo), un insondable pozo de maldad y obsesiones, con todas las argucias de un sobornoso militar, planeando, alargando sus ojos por medio de un telescopio, masoquista rascabuchador, vengador del poder o poder vengador. Y la Reina, reina abeja, reina de miel y aguijón. ¡Diablos! tengo que volver a leer esta novela. Pero me quedó algo: No te enamores, no caigas en el panal de una abeja a la que dupliques la edad. Seguro que saldrás herido.

 

Dime con quién andas y te diré la calidad de tus escritos. Tomás Eloy era un amigo indestructible de Gabo y Carlos Fuentes. ¿Qué te puedo decir?

El periodista Alfredo Leuco nos cuenta que Tomás Eloy no había cumplido 10 años cuando se escapó de su casa a ver un circo sin el permiso de sus padres. Como castigo lo encerraron en una habitación y allí escribió su primer cuento. Se trataba de un chico que se metía en una estampilla para poder viajar. Así, con fantasía e imaginación escapó de aquel encierro.

Tomás Eloy fue valiente y, como dice Ospina, de eso nadie se arrepiente.

 

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522946
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América