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El anillo

Federico tenía por los años 60 una taberna en Sevilla. Un sábado por la mañana llegó un joven y le mostró llorando un telegrama que


Francisco Moreno Mejías (Escritor) / PANAMA AMERICA

Federico tenía por los años 60 una taberna en Sevilla.

Un sábado por la mañana llegó un joven y le mostró llorando un telegrama que decía: “Ven pronto. Mamá muy grave”.

Le dijo:

—Soy aragonés. Llevo tres días trabajando en los Astilleros y mire lo que acabo de recibir. Mi madre grave y yo sin dinero para ir a verla. Estoy vendiendo este anillo que heredé de mi abuelo y es lo único de valor que poseo. El tren para Zaragoza sale el lunes por la tarde. Quédese con el anillo para que pueda tasarlo. El lunes regresaré y usted me paga lo que crea justo.

Federico aceptó. Después fue a la joyería de su primo Ernesto, que le dijo:

—El oro es de 24 quilates y ese rubí puedo asegurarte que vale más de dos millones de pesetas.

Federico preguntó en otras joyerías de la ciudad y todas coincidían con el valor calculado por Ernesto.

El lunes llegó el muchacho. Federico le dijo:

—Veinte mil pesetas es lo que me han dicho que puede valer.

El otro respondió:

—Usted quiere aprovecharse de mi necesidad. Deme mi anillo; yo sé que vale mucho más. Viniendo para acá vi una joyería y seguro que allá me tratarán mejor.

Guardó la sortija en un bolsillo y se dirigió a la puerta.

Federico, temiendo que se le escapara, le dijo:

—Veo que eres un buen hijo y quiero ayudarte para que veas a tu madre y para que puedas pagar un médico que la cure. ¡Te daré doscientas mil pesetas!

Apenas vio que el muchacho movía la cabeza en señal de aceptación le dio el dinero. El joven le entregó a Federico la alhaja y se fue.

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Por las tardes solían reunirse en la taberna varios amigos a jugar al mus.

Federico lucía orgulloso en el anular de su mano izquierda el espectacular anillo. Lo pasó de mano en mano para que pudieran apreciarlo antes de contar cómo lo adquirió. Cuando le llegó el turno a Ernesto, éste sacó una lupa, lo observó con cuidado y sentenció:

—El metal es cobre y el pedrusco, vidrio de fabricar botellas. Te han engañado.

Federico mencionó la madre del aragonés y no para rezar por su salud. La partida hubo que suspenderla por indisposición del anfitrión.

Aquella noche tuvo pesadillas. Veía una mano peluda que guardaba un anillo y sacaba otro.


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916777
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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