Este año conmemoró muchos centenarios. Quizá, el más elocuente y necesario, el del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Mirar atrás cien años después debería asustar, frenar, concienciar pero parece que a los seres humanos nos importa más bien poco ponernos al borde de la destrucción y la muerte. Recordar, es para muchos un ejercicio absurdo y del que pocos sacan provecho.
Espero para el nuevo año, ese 2015 que viene galopando para darnos alcance con su mano de porvenires y sombras, que la lección del pasado no se quede en el tintero de la desidia. Este año, el año de los cincuenta años del 9 de Enero, no debe dejarse en la mente, debe bajar al corazón y permear la razón para que aquel sacrificio, ese gesto y gesta, no se olvide.

Este año, fue también el año de los veinticinco años de la Invasión de los Estados Unidos a nuestro país, otra memoria que no podemos permitir que se diluya con el paso del tiempo. No es de recibo que las nuevas generaciones desconozcan qué ocurrió y quiénes lo hicieron. Pido, para el próximo año, mentes abiertas y corazones comprometidos con este gran país. Panamá necesita una sociedad civil, culta y con miras amplias para no perder lo conquistado y para seguir avanzando hacia la convivencia pacífica e igualitaria.
No habrá paz hasta que no alcancemos justeza (y justicia) social. No espantaremos los fantasmas de la miseria y el desencanto si no somos capaces de mirarnos unos a otros, en nuestra diversidad y convergencias, como activos para construir un estado del bienestar sostenible. Y la cultura es fundamental en estos menesteres.
Un país con criterio es un país que perseguirá a los entusiastas de la ignorancia allí donde estén. Lo que ha pasado es que les hemos permitido hacerse fuertes en los medios de comunicación y en las instituciones. Pero allí nos hallarán, en el silencio de nuestra mesa de trabajo o en las líneas de nuestras columnas, levantando las letras y la voz.
¿No hay nada bueno en este país? Algunos dicen que “Desde Madrid” no decimos nada positivo. ¿Bueno? Pintores, ensayistas, novelistas, poetas, muchos poetas, cuentistas brillantes, bailarines, cantantes de ópera que hacen patria lejos, directores de cine, periodistas y caricaturistas, unos pocos políticos, miles y miles de madres y padres que se levantan temprano y enfrentan tranques urbanos o inundaciones rurales y vencen, al caer la tarde o metidos ya en la noche, todas las adversidades para sacar adelante a esos hijos que son nuestro futuro. Eso es lo positivo, ese pocotón, ese bucorantantánbastante de andanzas quijotescas que los panameños emprendemos día tras días para desfacer los entuertos de una clase política que son de verdad gigantes egoístas que nublan los paisajes del porvenir.
Cien años después, aquí sigue el Canal de Panamá, es corte telúrico que cambió la historia. Y lo administramos nosotros y lo hacemos bien, somos eficientes y cada día mejoramos. No sé cuantas mesas redondas hubo sobre novela canalera este año, pero yo estuve en una durante el Festival Eñe América, donde con maestría, tres grandes intelectuales y escritores desgranaron la franja que este género abrió en la Literatura. “Pro Mundi Beneficio” unas novelas (y hay cuentos y poemas) y una manera de contar que merece ser estudiada y difundida en nuestro medio, y allá donde vayamos, porque talento literario hay.
Estoy delante del mar en Galicia, el mar de mi mujer, Marga Collazo. Más allá del horizonte, Panamá en su estío tropical, en su descanso antes de que llegue el nuevo año. Y me siento lejos, pero la voz de las niñas, las risas de mis sobrinos y la buena comida de una tierra tan cercana como la gallega, me hacen volver a este invierno marítimo. En 2015 volveremos, Dios mediante, para seguir conversando sobre lo divino y lo humano, procurando contar bien nuestros días para traer al corazón una sabiduría vital que espero nos llegue de lo alto. Y de los libros.