A Ismael Ortiz, el nadador panameño que hace unas semanas estuvo en el ojo de una tormenta por la negativa de la Federación Panameña de Natación de avalar una marca que hoy lo tendría en la Villa Olímpica de Beijing, se le nota relajado y en paz consigo mismo.
En él no se percibe, por lo menos externamente, ningún resentimiento y su vida parece transcurrir en medio de la calma.
Esta condición de este atleta panameño puede atribuirse a una causa: su contacto con el arte.
Sí. Ismael Ortiz no sólo es un buen nadador, también es un artista que está creciendo como persona y como productor de arte, lo cual, según sus propias palabras, le ha permitido aceptar muchas cosas y a muchos individuos que tal vez anteriormente no los hubiera podido aceptar.
Primer contacto.
Sus virtudes en la pileta le valieron una beca para estudiar en Estados Unidos, a donde viajó hace más de cuatro años convencido de que lo suyo era la arquitectura.
Ortiz llegó a la Universidad de Drury en Spingfield, Missouri, con la intención de lograr allí lo que en Panamá se le hacía casi imposible: estudiar arquitectura y practicar la natación simultáneamente. Pero allá tampoco fue fácil conciliar ambas actividades.
De repente, mientras tomaba unas clases de dibujo que eran parte de la carrera de Arquitectura Ismael Ortiz conoció a un profesor que cambió parte de su vida.
"Un profesor de una materia de dibujo que cursaba como parte de la carrera de arquitectura, el cual también es profesor de arte, al final del semestre nos mostró sus esculturas e invitó a los interesados a que fueran a verlo en el próximo semestre", recordó el atleta.
"Me interesó tanto que fui a las clases de escultura sólo para ver, mientras daba las de dibujo. Y el siguiente semestre metí la clase de Arte", refiere el nadador que cumplirá 26 años en octubre.
Ismael expresó que tras su decisión de abrazar el Arte como carrera le dedicó muchas horas al trabajo, incluso se quedaba hasta altas horas de la noche durmiendo en el sofá del edificio de Arte de la universidad, el cual el significó su primer premio en este ámbito debido a que se creó un galardón llamado "Tu casa, mi casa", cuyo trofeo fue una almohada como recompensa por las noches de desvelo y cuando era despertado a la mañana por los profesores que iban llegando para dictar clases.
"Mucha gente dice que el arte puede ser fácil, pero también puede ser muy difícil. Pero si le metes bastante mente puede ser bien complicado o bien simple", reflexiona.
Decisión definitiva.
Su avance en la carrera de arte lo llevó a tomar clases de fotografía, cerámica y después volvió por el dibujo, porque todos son necesarios para crear.
Ortiz reconoce que ya se olvidó de la arquitectura, porque tiene mucha limitación. "El arte es ilimitado. Puedes decir lo que quieras, es tu manera de expresarte", destaca.
"El arte me ha transformado la vida en el sentido de que he cambiado la manera de ver las cosas. Yo soy una persona muy carismática, chistosa, cuando hago arte no juzgo a nadie, porque si yo juzgo a la gente ellos me van a juzgar a mí", medita. "Yo con el arte he aprendido a aceptar muchas cosas, a muchos individuos que tal vez anteriormente no los hubiera podido aceptar. Acepto a todo el mundo, porque arte es entender, apreciar todo lo que hay en la vida".
Sobre sus obras.
El joven artista panameño, a quien le restan dos semestres para tener su carrera, revela que sus esculturas son de cosas que le han pasado, que le molestan.
"Son situaciones que quiero que la gente vea, aprecie. Me gusta cuando dicen ¡wao!? cómo lo hizo. Porque si se transmite el mensaje el objetivo está alcanzado", dijo.
"Hice una escultura que se llama "Rain house", que es una pila de paraguas unidas que forman una gran bola y cuando las personas la ven dicen: cómo la hiciste, pero no es tan complicado, porque el mismo paraguas crea la estructura", cuenta Ortiz, quien a renglón seguido explica que "Rain house" o Casa de lluvia es una obra que consta de trece paraguas y la idea vino de aquello de que abrir paraguas debajo del techo trae mala suerte, según los supersticiosos, y curiosamente, "sin darme fueron trece paraguas los que usé para terminar la obra".
Otra producción es "La Colonia", que está hecha a base de clips (sujeta papeles) que representan las hormigas. Cuando se ve de lejos la gente se pregunta qué material es y cuando se acercan se dan cuenta de que son clips. Son 7,420 en total y tiene un peso 50 libras.
"Todos los compré. El arte es muy caro, a veces no te da ganancias, pero te da la fuerza de expresarte", dice en tono de satisfacción.
Exhibiciones.
Aunque todavía está madurando y tiene apenas tres años y medio haciendo esculturas Ismael Ortiz ya tuvo la oportunidad de presentar su producción ante el ojo público.
"Tuve una exhibición en el downtown de Springfield, Missouri, donde vendí dos esculturas, una que se llama "Futuro", que es una escalera de 15 pies que se abre al final, porque la escalera es una forma de llegar hacia lugares que no podemos llegar, entonces la utilizamos. Yo pienso que el futuro es un lugar donde tenemos que ir, poco a poco, sin tomar conclusiones antes de tiempo, que es algo que a mí me molesta. No puedes decir que algo no va funcionar sin siquiera intentarlo", expresa.
Otra obra vendida es "Impotencia", cuyo concepto surgió del movimiento que se forma cuando el pasto es tocado por el viento y se va moviendo en diferentes direcciones. Ortiz refiere que entonces trató de recrear eso y salió una hierba como de tres pies de alto que era difícil de mover. La amarró que quedó unos fierros amarrados, dando la impresión de impotencia.
En total ha participado de tres exhibiciones en la Universidad de Drury y la otras en el centro de Sprienfield.
La intensidad de su trabajo le permitió ganar el premio a la innovación en la universidad . Este premio, explica, surge como homenaje a dos jóvenes que revolucionaron la universidad con su arte y carisma y que provocaron cambios en muchas personas.
"A mí me tocó el premio y yo no sabía qué significaba hasta que vino una profesora y me lo explicó", menciona con un tono de orgullo.
Escultura sobre incidente olímpico.
Según Ismael Ortiz, generalmente, sus esculturas son sobre asuntos que le molestan, por lo que resulta obvio que en algún momento aborde el caso que truncó su aspiración de competir en los Juegos olímpicos que iniciaron hace dos días.
"Voy a hacer una escultura sobre lo que me ha pasado con esto de las olimpiadas, porque eso me lo tengo que sacar de alguna forma. Pero será en el futuro, estoy sólo trabajando la idea", revela.
"Lo que yo hago son lo sólo cosas que me molestan. Salen repentinamente, mientras sueño, cuando me pasa algo en la calle; alguna situación de sentimientos amorosos, etc. Después los plasmo en la idea y si siento la motivación de expresarme, lo llevo a la físico", detalla.
"Yo lo que busco es mi felicidad. El arte es igual que la natación, no te va dar fortuna. No es como el tenis, el béisbol, el fútbol que te vuelves millonario fácilmente.
A mí me ha tocado un deporte como la natación donde me ha ido muy bien, sin ningún tipo de lucro, pero soy feliz haciendo lo que hago. No tengo ningún problema con hacerme famoso ni hacer fortuna, solo el ser feliz es importante en la vida".
"Ojalá, para demostrar de lo que soy capaz de hacer no sólo en el agua, sino en el ámbito artístico. Tengo cerca de 20 obras terminadas en 3 años y medio y otras que no se terminaron porque fueron descartadas, pero sigo avanzado.
"Espero trabajar con un artista importante, ser su mano derecha. No me gusta ser el centro de atención, es mucho. He estado mucho en esa posición, por lo que espero encontrar ese artista que se sienta en confianza conmigo, aprender, trabajar y ser feliz. Eso de estar en "spotlight" es difícil.