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El arte del "biendecir" en la prensa escrita

Lo que hay que evitar es la violencia, el sofisma y la mala fe. Y ha de "dominar" el vigor, la claridad del raciocinio, con estilo más bien "cortado y conciso" que "ampuloso y oratorio".


La literatura, en su acepción más amplia, significa lo perteneciente a las letras. Pero, para nosotros, tiene más importancia su acepción más estricta: "obras literarias", o sea "las composiciones del humano ingenio exteriorizado por la palabra o el escrito, pero con bellas formas de expresión".
La literatura es, pues, el arte del "biendecir", o también el arte de expresar "la belleza" por medio de la palabra o del escrito.
Con razón: porque la literatura, además de ser ciencia, ya que requiere el conocimiento razonado de sus principios, es ante todo "arte", por cierto, el arte "bello" por excelencia.
El secreto del arte bello es encontrar o crear la forma "sensible" que manifieste "la idea" en toda su amplitud. La "idea abstracta" solo habla a la inteligencia; pero el artista la hace sensible a "los sentidos y a la imaginación" dándole cuerpo y vida. De tal suerte que con la contemplación de ese ser viviente (puesto que tiene cuerpo y vida) se eleven los sentidos cooperando con el espíritu en la contemplación de "la verdad", "del bien" y de "la belleza" que engendra en el alma aquel placer espiritual, puro y desinteresado que llamaremos: "emoción estética".
¿Por qué hablamos de todo esto? Porque es necesario que entendamos esa interrelación entre la literatura, la belleza y la verdad. Y eso lo explica mejor la emoción estética, sin entrar en consideraciones filosóficas.
Hay verdad y no belleza en muchas cosas. Incluso, la verdad puede ser fea. Pero, resulta que las almas santas, entre otras, solo se contentan con esa verdad como esté y donde esté. Pero, cuando esa verdad es expresión de la belleza ideal en forma sensible nos encontramos, como dije, con el arte bello o bellas artes. Las artes pueden ser útiles (mecánica, etc.) y bellas (nobles, etc.). Nosotros andamos en búsqueda de la belleza escrita. Según el medio que hay para expresar esa belleza las artes se dividen en "ópticas" (la escultura, la pintura, etc.) y en "acústica"(la música y la literatura). Siendo así, la literatura, en su sentido real y estricto, es el arte de expresar "la belleza" por medio de la palabra hablada o escrita.
El arte literario comprende la poesía, cuyo único fines deleitar con la expresión de la belleza por la palabra. La oratoria, que busca persuadir valiéndose de la palabra bella. Y la didáctica, que quiere INSTRUIR sin desechar la belleza de la forma por la palabra.
Como ven, la literatura solo quiere expresar "la belleza" por medio de la palabra. Pero, muchos, todavía no entienden ni que es belleza ni que es verdad. Un escrito obsceno, por ejemplo, no es literatura es, simplemente, obscenidad.
La emoción estética, que mencionamos más arriba, se produce cuando por obrar de concierto la inteligencia, la vista o el oído, y la imaginación se nos pone en plena posesión de "la verdad", objeto propio del espíritu. Y que cuanto más se manifieste "la verdad", por una parte llena de claridad, y por otra, libre de todo elemento grosero y material, "tanto es más vivo el placer que experimenta el alma". Por eso es que, en consecuencia de ello, podemos definir "la belleza en el arte" como "la verdad encarnada en una forma sensible que nos la manifieste con esplendor y brillantez". Algo que Platón solía llamar: "splendor veri".
Pero, no olvidemos que "solamente en la esencia perfectísima de Dios podemos hallar el ideal de belleza sin limitación alguna". He aquí por qué EL solo constituye la belleza absoluta. Nosotros, por ello, cuando más, podemos hablar de "belleza relativa". La belleza relativa puede ser natural o artística. Lo natural son los paisajes, etc. Lo artístico son hechuras del hombre.
El artista literario tiene que conocer de algunas reglas del buen escribir. Y creo que todos, si no las conocemos, podemos adquirirlas. Lo importante es que tengamos ese deseo de "concebir, de sentir y de expresar" la belleza por medio de la palabra. Olvidémonos de los genios literarios. Esos florecen de vez en cuando y de cuando en vez. No es fácil tener, al mismo tiempo, inteligencia, imaginación y sensibilidad estética al más alto grado.
Eso sí, tenemos siempre que "pensar bien, sentir bien y expresarnos bien". Y hay que recordar, también siempre, lo siguiente: Originalidad, Concisión, Elegancia, Pureza de estilo y Armonía.
Dejando a un lado la concisión, veamos que significa todo ello. Ser originales es ser nosotros mismos. La elegancia está en "la naturalidad" y el gusto en la "artística sencillez". La pureza del estilo nos pide que seamos castos al escribir. Y la armonía es no decir aquellas cosas que son ingratas al oído.
La concisión que hemos dejado de último es un requisito "ineludible" en la literatura periodística. No lo olviden, ¡los periódicos son un subgénero literario-didáctico!
Finalmente, hablemos del periodismo. En los diarios hay artículos de fondo (los editoriales), artículos de polémica, artículos ameno-instructivos, artículos de costumbres, artículos ingeniosos y satíricos, y artículos de crítica e información (carta de los lectores).
Lo importante es recordar que el polemista debe mostrar nobleza y buena fe. Eso contrasta con la acrimonia y el despecho. Los que pierden los estribos y acuden a los apodos y a los dicterios demuestran con ello que la verdad y la justicia no están de su parte. No quiere decir que a lo que es "malo" no se ha de llamar "maldad", ni a lo que es "vicioso", vicio.
Lo que hay que evitar es la violencia, el sofisma y la mala fe. Y ha de "dominar" el vigor, la claridad del raciocinio, con estilo más bien "cortado y conciso" que "ampuloso y oratorio".
Muchas costumbres de la sociedad son ridículas y censurables. Y los articulistas ingeniosos y satíricos corren el riesgo de ser mordaces y virulentos. Pero, en general, hay que reprender el vicio, personificado, si se quiere, pero no a la persona. La finura y la delicadeza son los adornos más propios de esta literatura.
El crítico pone lo bueno y no oculta los defectos. Es imparcial en que juzga o aprecia, sin prejuicios y con conocimiento de causa, los méritos o defectos de un personaje o de un escrito. Cuando esa crítica es desfavorable y en ese punto entra la sátira; esta ha de ser delicada y siempre cortés.
(*) Extracto y compendio sobre el tema tomado de varios libros


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283430
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América