Los dueños y los jugadores de las Grandes Ligas parecen unos niños chiquitos que se están peleando por el último trozo de pastel. Lo que estos multi millionarios no se dan cuenta es que son insignificantess. Todas las personas que han perdido sus trabajos tras los escándolos en Enron y WorldCom son los que importan. Los bomberos y policías en Nueva York que no pueden recibir un aumento de salarios a pesar de los millones de dólares en Wall Street sí son importante. O los maestros que siempre aparecen al final de la listas de prioridades a pesar de la importancia que tienen en nuestra sociedad. Ellos sí son importante.
Millones de personas son importante, pero no lo son los dueños y jugadores de las Grandes Ligas. Ahora, ellos no entienden esto, pero es por ellos que el béisbol ya no tiene el impacto en nuestra sociedad que tenía hace unos 30 años. Es claro que los dueños y jugadores no entienden la realidad en que viven, igual que no entendían el impacto de una huela en 1994.
Quizás a ellos no le importen que pueden acabar con la temporada el 30 de agosto y escupir en la cara a todos que usamos el béisbol como parte de la recuperación tras los ataques del 11 de septiembre. Quizás a ellos no le importen que pueden reducir el interés en el béisbol a niveles por debajo del fútbol en los Estados Unidos. Tienen que saber que no va a ver otra marca de Ripken en 1995 o otra carrera entre Mark y Sammy como en 1998.
Lo más chistoso es que no se dan cuenta que el fútbol americano ya los ha superado en interés y que el béisbol está más asociado con los problemas económicos que las genialidades de Barry Bonds, Alex Rodríguez, Derek Jeter y Nomar Garcíaparra. Lo más ridículo es que todo este tema no tiene nada que ver con la mayoría en el béisbol.