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El camino recorrido

La herencia de Mami Arias a su descendencia es crítica y directa, no da pie para dudas, ni en lo que quiere y defiende, apasionadamente, ni en lo que critica y rechaza de la misma manera.


El 24 de este mes Doña Rosario Arias de Galindo ha presentado, en el Salón Chagres, del hotel Sheraton su libro: El camino recorrido, una obra en la que expone la época, el escenario y las circunstancias en que le ha tocado vivir, la forma como ha actuado y sobre todo, los principios de los que partió para participar en eventos cruciales para el país.

El que me haya tocado el privilegio de ser su editor, de sentarme por horas a escucharla, a conversar y a discutir distintos puntos de vistas, me permite afirmar que se trata de un documento puntual y revelador, a partir del cual los estudiosos de nuestra historia podrán entender o explicar, según sea el caso, algunas de las formas que ha asumido la dialéctica de la nación panameña.

 

No hay matices ni adjetivaciones innecesarias. Directa y sencilla, Doña Rosario transparenta en cada época registrada en el libro, hechos, forma y apreciaciones, con la solvencia de quien, al asumir la responsabilidad de sus hechos, se expresa satisfecha de cómo ha actuado y participado en la sociedad.

Nacida en enero de 1920, los acontecimientos del movimiento de capas medias Acción Comunal, 11 años después, rebasaron ese entorno familiar, tranquilo y seguro que le proporcionaron sus padres, Doña Rosario Guardia de Arias y el Doctor Harmodio Arias, ex presidente de la república, y que por primera vez llamaban su atención y proponían preguntas que a su edad ella misma no entendía.

 

Pero con todo y los datos biográficos que aporta, calificar la obra como estrictamente autobiográfica, sería limitar su proyección y su alcance. No es un libro concebido para el debate, que seguramente originará. De hecho, en El camino recorrido Doña Rosario parte de su propia vida para presentar la visión de una etapa de la historia del país, mediante imágenes del Panamá que conoció en su niñez, en su juventud y en su madurez, y que ha compartido con varias generaciones.

Su recuento de los años treinta tiene como trasfondo el ejercicio político del Doctor Harmodio Arias, quien la madrugada del dos de enero, entre conversaciones rápidas y vestirse apresuradamente, atiende la invitación que le hace Acción Comunal para que ocupe la primera magistratura del país, en calidad  de Ministro Encargado.

¿Apresurado? Sí, pero no porque fuera a ocupar la presidencia. Eso era evidentemente importante, pero lo que lo motivaba ante aquel golpe del dos de enero de 1931 que había calificado desde un principio como "una locura", era saber que  pendía aun sobre el país la cláusula que habilitada a Estados Unidos para intervenir y poner orden en las cuestiones domésticas de Panamá, y que él lograría eliminar en el posterior tratado Arias-Roosevelt de 1936.

 

Así comienza   el camino recorrido por Rosario Arias de Galindo, con un acto que de la noche a la mañana trastoca la tranquilidad de su niñez y la envuelve en la activa vida política que por años llevaría su papá, luego sus hermanos y finalmente  ella misma, aunque cada uno por razones diferentes.

El camino recorrido atiende a una intención inicial: hacer un balance sólo para su descendencia, lo que no impide, sin embargo, los  roles posteriores que seguramente asumirá, porque, de hecho, aborda episodios cargados de factores políticos, en los que, más allá del balance y la caracterización, fija posiciones y marca diferencias. Por ejemplo, los primeros momentos de El Panamá América  y las primeras reprimendas oficiales que su objetividad le significó en los años de Don Rodolfo Chiari.

Amigos de muchos años, Nelson Rousenvell, fundador del periódico, sumó esta publicación a la jornada que Harmodio Arias y Domingo H. Turner desarrollaron contra el tratado de 1926. En 1938 Harmodio Arias habría de comprar el rotativo para transformarlo  en una empresa familiar.

 

Ese es el contexto en el que Mami Arias va forjando su carácter, consolidando sus principios y observando con una crítica discreta, primero, y abierta después, el devenir nacional, sobre todo cuando los militares rompen el orden constitucional en 1968. La posición que asume va mas allá de los enunciados, emula el ejemplo de su padre, que es sin dudas el paradigma de su actividad.

De él asume el comportamiento cívico, formal, pero también el desencanto con la política criolla, casi hasta el escepticismo. Lo deja bien sentado tanto en la carta que, al final de su mandato (1932-1936) Don Harmodio le envía desde Gibraltar  a sus hijos mayores, Harmodio hijo y Roberto, Modi y Tito, respectivamente, y en una cita final de Don Justo Arosemena, donde el padre de la nacionalidad panameña puntualiza la ausencia de civismo que ha privado en muchos actos nacionales.

La herencia de Mami Arias a su descendencia es crítica y directa, no da pie para dudas, ni en lo que quiere y defiende, apasionadamente, ni en lo que critica y rechaza de la misma manera.

En 1970, por ejemplo, dos años después del golpe militar, se enrola en un curso de supervivencia en la selva, ofrecido a mujeres, por primera vez, por el Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, en la antigua zona del canal. Acababa de cumplir sus cincuenta años, y contra la preocupación de Don Gabriel, el compañero se toda su vida, se internó por una semana en la selva panameña. Vestida de ranger y sin más alimentos que el que le proporcionaba el medio ambiente, aprendió a conocer los bejucos de los que se podía tomar agua, a orientarse en medio de la espesura y a comer cuanto animal o planta le indicaron que era posible. ¿Qué la impulsa? A Don Gabriel le dijo que eran sus cuelgas por los 50 años que cumplía en esa ocasión, pero después de horas, días y años de conversaciones con ella me seduce la idea de que aquello estaba estrictamente vi-n---culado a la frustración y a la incertidumbre que le producía la dictadura militar.

Más que un relato, El camino recorrido podría considerarse como portador de un código de conducta, cuyas claves se fijan en cada instante crucial de la vida de Rosario Arias de Galindo: cuando estudia en Chile o en Europa, cuando vuelve al país y guiada por su madre atiende el trabajo social y la ayuda a los que menos tienen, con  una discreción  a prueba de todo; cuando le dice al Dr. Arnulfo Arias que a su boda asiste como tío y no como Presidente, o como cuando la muerte de padre en pleno vuelo, entre Boston y Miami, confirma la sospecha que la acompaña varios días antes del suceso.

Entre ese hecho y la muerte de su hermano menor, Tony, queda sobre tapete la fuerza con que se sobrepone a la tragedia, y la tragedia de no permitirle ni a la misma muerte que la separara de su padre. En vida ??"dice- tuve con mi padre una relación especial y no iba permitir que un funeral la terminara. Todos estos años he tenido la convicción que esa relación ha continuado. Al decir de varias personalidades que la conocen, ella, es "la hija del presidente Harmodio Arias", no sólo por lo que biológicamente implica, sino porque, vigilante, hasta el último minuto se empeña en darle forma y poner en práctica todo lo que heredó de él.

La pasión y la convicción están presentes en cada uno de eso actos, y con mayor intensidad en las jornadas de la Cruzada Civilista, en la recuperación de EPASA, 21 años después del despojo, y en la incomprensible oposición para que se le devolviera a su familia la Editora, registrada durante la administración de Guillermo Endara.

Vida y conducta se resumen en el libro, pero también orientaciones hacia su familia y hacia quienes lo lean respecto a las cuestiones cardinales en las que la sociedad civil no debe ceder y estar vigilante. Y es aquí donde ella vuelve a macar la diferencia, en la defensa abierta y valiente de aquello en lo que cree, aunque sea el Che Guevara, a quien admira porque defendió con su vida las ideas en las que creía, aunque ella no las comparta.


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424894
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América