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El canal en la literatura (2)


Un paréntesis: hasta ayer, y con diversos actos, se conmemoró la Semana de la Lengua, el Día del Escritor y actividades conexas, como el Premio Rogelio Sinán y presentaciones de libros, entre ellos “A cuentagotas”, de Lupita Quirós Atahanasiadis, publicado por 9 Signos, y que el año pasado mereciera el premio de minicuentos Rodolfo de León Jones. Hubo buena acogida para todos los eventos y los asistentes pudimos disfrutar de los excelentes aportes que emanaron de cada celebración.

Continuamos con el tema del domingo pasado, relacionado con la presencia del Canal en la literatura y en la historia istmeña. Para ese fin, releímos el libro de Berta Alicia Chen, “Frases célebres sobre el Canal de Panamá”, donde aparecen varias opiniones que, a lo largo del espacio y del tiempo, se han vertido sobre la vía transístmica.

En 1902, y con tono imperativo, Teodoro Roosevelt, a la sazón presidente de Los Estados Unidos, decía a sus ingenieros militares: “Yo quiero que ustedes me construyan un Canal aquí y lo hagan de manera tal que los barcos puedan transitar por él por los próximos cien años”. La orden fue cumplida.

 

Un poco antes, en 1860, John Taurtwine, topógrafo, informaba a sus superiores, tras una exploración: “No puedo tener la remota idea que un canal de barcos pueda alguna vez cruzar cualquier parte de (este istmo) ”. Y mucho antes, en 1534, el español Pascual de Andagoya afirmaba: “El canal es una obra de difícil ejecución y no se logrará abrir ni con todo el oro del mundo”. Se equivocaron.

En 1907, abismado por la presión que ejercía la naturaleza a la altura del Corte Culebra en contra de su proyecto canalero, el ingeniero David Gaillard exclamó ante los ecos de un derrumbe: “Era, de hecho, un glaciar tropical; de lodo en vez de hielo”. A la postre, el ramal andino fue vencido, y la obra en ese sector se bautizaría con su nombre.

Ronald Reagan, en pose matonesca, expresaba en 1976, siendo gobernador de California: “Nosotros lo construimos, nosotros lo pagamos, y nosotros nos quedaremos con él”. Sin comentarios.

 

Cierro el tema con un canto digno de Chagmarín: “He de escuchar la perdiz/ allá en la curva lejana,/ y encima de la montaña,/ clavaré la enseña mía,/ ay, flor de soberanía,/ que rescataré mañana”.

Leamos, lo más que podemos perder es la ignorancia.

Distínguete como panameño; lee a los autores nacionales.


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357726
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América