Cecil Haynes es único. A sus 96 años habla con mucha coherencia y con una precisión que sorprende. No se le olvida el más mínimo detalle. Su salud es excelente y su estado de ánimo aún mejor. Se ríe a carcajadas de las “cosas de la vida”.
Por ejemplo, sin parar de reír, afirma que desde que se fue del Canal, tiene otra jefa, su esposa, también de 96 años, a quien no le queda de otra que obedecerle…¡y cómo manda!
Vestido de saco y corbata, Haynes se presentó a la ceremonia de apertura de sobres de la licitación para el diseño y construcción del tercer juego de esclusas. Todo el mundo quería saludarlo y quedó sentado “entre los grandes”, como él mismo dice. Y, aunque indica que se sintió un poco apenado, señala que por un momento pensó que se encontraba en la ceremonia de los Óscar y que él era uno de los grandes del cine.
Hijo de inmigrantes afroantillanos, Haynes nació en Gatún, en la provincia de Colón, el 7 de agosto de 1913, un año antes de la inauguración de la vía interoceánica.
Cuando todavía era un adolescente, después de insistirle a uno de los jefes del Canal para que le diera trabajo, finalmente se le presentó la oportunidad. Inició su carrera en el Canal en 1928, cuando apenas tenía 15 años, como encargado de la mensajería entre las oficinas de la División de Almacenes.
Eran tiempos difíciles y Haynes no pudo asistir a la escuela, así que tuvo que ingeniárselas para aprender a leer y escribir. Su perseverancia le permitió dominar las rutinas del trabajo y así escalar hacia diversas posiciones.
Laboró en el Canal durante más de 73 años.
Nunca llegó tarde ni faltó a sus obligaciones: un intachable récord de asistencia para este singular personaje, que en 1968 había ganado su derecho a la jubilación.
Sin embargo, Haynes prefirió seguir trabajando en el Canal. Su dedicación y empeño le han valido múltiples reconocimientos, tales como varias cartas de presidentes estadounidenses y diversas menciones honoríficas.
El Canal también ha premiado el servicio prestado por Haynes, y lo honró al bautizar a uno de los nuevos remolcadores con su nombre. Durante una visita a los Estados Unidos, Haynes conoció al presidente Bill Clinton, quien le expresó agradecimientos por su apoyo al Gobierno federal estadounidense por tanto tiempo.
-Cómo se siente usted cuando viene al Edificio de la Administración?
-Muy triste… una sensación que no puedo explicar; una cosa extraña que se me instala entre pecho y espalda; ¿sabe por qué?...porque ya no estoy aquí. El Canal es mi vida…pienso todos los días de mi vida en este lugar, amo el Canal, es todo para mí.
-Lo vi en la ceremonia de la apertura de los sobres…
-Oh, sí. Tenía que venir a ese acontecimiento tan importante, porque el Canal es mío.
Yo tengo muchos amigos en el Canal, entre ellos José Carrizo. Él me llamó y me dijo: ‘Oye Cecil, ¿no vas a la apertura de sobres?’ Y yo le respondí: ‘cómo no, voy pa’ allá’. Me recogió y me fui con él al acto. Cuando llegué, como siempre, me recibieron con los brazos abiertos y me sentaron entre las personas más importantes, entre ellos el presidente y el vicepresidente de la República.
-Usted estaba entre los grandes…
-Sí…todos me dieron la bienvenida y me abrazaron. Hubo un momento en que me sentí un poco incómodo, porque no me gusta figurar, pues soy bastante humilde. La verdad es que fue muy bonito ese encuentro con mucha gente que quiero.
-¿Cómo está su salud? A sus 96 años veo que usted camina perfectamente y siempre está riéndose…
-¡Ufff!, estoy perfecto…no me duele nada. Hago ejercicios todos los días en mi casa, que es grande y está ubicada en La Loma, en Hato Pintado. Ahí vivimos solo mi esposa y yo.
-Aparte de los ejercicios, ¿qué hace usted ahora?
-Recibo órdenes de mi esposa. Ella es mi jefa, se llama Margarita y es preciosa.
-¿Y qué tal es como jefa?
-Me regaña mucho, pero qué me queda: obedecerle, pues al fin y al cabo es la jefa. Es la que me manda (carcajadas).
-Usted que estuvo aquí durante tantos años…¿cómo cree que se maneja el Canal en manos de panameños?
-Estoy muy, pero muy orgulloso. Al principio tuve miedo. Cuando escuchaba que el Canal iba a ser dirigido en su totalidad por panameños, tuve mis dudas, pero no pasó mucho tiempo para darme cuenta de que todo marcha muy bien. Y gracias a Dios que Panamá encontró un hombre como Alberto Alemán para que fuera el administrador…él es el hombre; a él lo respeto mucho. Tiene una visión extraordinaria, y la prueba está en que bajo su administración se construye un tercer juego de esclusas para suplir la necesidad que hoy plantea el mundo marítimo…yo estoy muy feliz por eso. Lo felicito a él, pero más felicito a quienes tuvieron la visión de escogerlo para que se hiciera responsable del Canal.
Me siento tan orgulloso de mi país, porque, a pesar de ser tan pequeño, está ahora haciendo algo tan grande e importante para el mundo como lo es la ampliación de nuestro Canal…mi Canal.
-¿Cuándo decidió irse del Canal?
-Bueno, cuando pasó a manos panameñas, me dije: ya estoy viejo…así es que me voy. En aquellos tiempos existía la denominada Ley Faúndes, que no le permitía a los viejos trabajar. Era 1 de enero del año 2000 y fui a mi puesto a recoger las últimas cosas que me quedaban. De pronto llegó el entonces nuevo ministro del Canal, Ricardo Martinelli, y se enteró de que yo me iba…fue a mi puesto y ya no estaba. ‘¿Dónde está el señor Haynes?’, preguntó el ministro, y alguien le dijo que yo estaba en la parada esperando transporte para retirarme…él agarró su carro y me fue a buscar… ‘¡usted no se va, tiene que seguir trabajando en el Canal!’, me dijo al verme. ‘Lo quiero mañana en su puesto’…
-¿Regresó, entonces?
-Sí. Volví a trabajar por un rato más. Laboré en el Canal 71 años y 7 meses bajo administración del Gobierno federal de los Estados Unidos; y casi un año después de que pasó a manos panameñas. That makes me very happy!
El mensaje que trascendió
Cecil Haynes, el ícono de la vía interoceánica, transitó hacia lo ignoto el 16 de septiembre. Era domingo. Tenía 99 años. Hynes fue conocido por haber trabajado por 72 años en el canal y por su inmaculado expediente laboral.
Su desaparición se dio en septiembre, cuando se celebró el trigésimo quinto aniversario de los pactos Torrijos-Carter y su edad guarda relación con el año (1999) en el que, -gracias a esos tratados- Panamá recuperó su plena soberanía en la zona canalera.
A Cecil Haynes se le reconoció por su esfuerzo extra para contribuir al sostén y crecimiento del Canal de Panamá, en cuya construcción su padre, nacido en Barbados, contribuyó para abrir la trocha que acortó la distancia entre los seres humanos del Pacífico y el Atlántico.
Haynes debió retirarse en 1968, cuando cumplió sus primeros 40 años de servicio, pero continuó hasta el 31 de diciembre de 2000, justamente un año después de que Panamá asumió la totalidad de la administración de la ruta.
Comenzó en 1913, como mensajero de la División de Almacenes, y ascendió hasta ocupar una posición gerencial, pero el mensaje más importante que entregó a cada uno de los que lo conocieron en el ámbito canalero es que no hay otro camino para prosperar que no sea aquel que tenga el esfuerzo como acicate, la pasión como motor y el compromiso como norte.
El personaje de cifras
1913 nació el 7 de agosto de este año, prácticamente un año antes de que se inaugurara el Canal.
1928 se integra, el 1 de junio de ese año, a la fuerza laboral del Canal de Panamá a los 15 años.
1968 debió acogerse al retiro, pero decidió seguir trabajando dentro de la empresa.
2000 un año después de ver la reversión del Canal a Panamá, se jubila, tras 72 años de servicio.
Genuino testigo de la historia
En 1962, cuando se inauguró el Puente de las América, ya tenía 34 años de servicio como empleado del Canal.
Como residente de la comunidad de La Boca, conoció el “Silver Roll” y “Gold Roll” que imperaba en la zona.
Aprovechó la disposición constitucional que le permitió, al cumplir 21 años, escoger su nacionalidad y se decidió por la panameña.
Vivió los sucesos del 9 de Enero de 1964 siendo parte de la Zona del Canal.
Entre los muchos reconocimientos que tuvo, está la visita que hizo, junto a allegados, a la Casa Blanca, en donde fue recibido por el presidente Bill Clinton.
Como el colaborador más antiguo del Canal participó de la ceremonia de reversión en diciembre de 1999. Allí fue saludado por el rey Juan Carlos de España.
Fue abanderado del 4 Noviembre de 2001 durante las festividades patrias de ese año.
Acompañó al presidente Ricardo Martinelli y al vicepresidente Juan Carlos Varela, en la licitación del Tercer Juego de Esclusas.
A manera de homenaje, uno de los remolcadores que se usan en las operaciones de tránsito por el canal, fue bautizado con su nombre.
