Las cifras preliminares de la Contraloría General nos indican que, al igual que años anteriores, el cáncer ocupó el primer lugar entre las causas de muerte para ambos sexos. Esta cifra (preliminar), 1843 casos, representó el 17.14% de la mortalidad. Los casos nuevos anuales según el Registro Nacional del Cáncer son 4227 y la tasa por 100,000 es de 143.4 casos en el año 2000. (2)
Si observamos las cifras de la mortalidad general y las causadas por cáncer (ver tabla 1) podemos observar dos fenómenos. El primero es que la mortalidad general desciende a partir de 1968 de 9668 a 6497 en 1984, para luego, subir nuevamente a las cifras del año 2003 de 12xxx. Este fenómeno tiene explicación en un cambio sustancial de las políticas de salud lideradas por el Dr. José Renán Esquivel: un Programa Nacional de Salud, Programa Materno infantil con protección de la salud del niño y la madre, organización de las comunidades en los comité de salud para la gestión y producción de salud (acueductos, huertos familiares, etc.), impulso de la atención primaria. También contribuyen avances en el tratamiento de enfermedades infecto contagiosas y mejora de los niveles de vida de algunos sectores de la población.
El segundo fenómeno que observamos es que se producen cambios en el perfil epidemiológico del país. La mortalidad que observamos en nuestro país es fundamentalmente a causa de enfermedades crónico degenerativas propia del adulto mayor (gráfico 1). Entre ellas destaca el cáncer que en 1968 produjo 596 defunciones (6.42%) y en el 2003 1843 muertes (17.2%).
Una de las razones es que la población panameña gracias a los avances de salud antes mencionados tiene mayor oportunidad de envejecer y por lo tanto son otras las causas de la mortalidad. La edad es un factor determinante en la incidencia del cáncer y se manifiesta en ambos sexos a medida que aquella progresa. Si tomamos como ejemplo las cifras de la incidencia del cáncer en el país para el año 2000, según el Registro Nacional del Cáncer, tenemos que entre los 0 y 14 años se reportaron 88 casos nuevos. Entre los 15 y los 29 años de edad, se reportaron 191 casos nuevos y entre los 30 y 59 años esta cifra es de 1446 casos nuevos. De los 60 años en adelante se reportaron 2447 casos nuevos lo que representa un 57.88% de todos los casos. Las personas de más de cincuenta años en el censo de 1950 representaban el 10.8% de la población total en el istmo. En el año 2001, las personas mayores de 50 años fueron 455,746(15.2%). Otro aspecto demográfico es la distribución geográfica de la población del país que en su mayoría está concentrada en los centros urbanos producto de la migración del campo a la ciudad. (Fig.1) Estos cambios demográficos van acompañados de deterioro de la calidad de vida de las personas, con bolsones de extrema pobreza, contaminación ambiental contaminación laboral y estilos de vida no saludables.
Según los datos de la Contraloría General de la República los tumores malignos que mayor mortalidad producen son: (Fig.2)
Estas siete localizaciones de tumores suman 1116 y representan el 60.5% de todas las localizaciones. Es importante notar que en algunas de ellas (tráquea, bronquios, pulmones, labio, cavidad oral, laringe, cáncer del cuello del útero, etc.) son formas fácilmente prevenibles, mientras que en otras (cáncer del cuello del útero, cáncer gástrico, de la mama, del colon, etc.) el papel de la detección precoz es fundamental. Por lo que nos adelantamos a sostener que el papel de la prevención y del diagnóstico precoz debe jugar un papel prioritario en la lucha contra el cáncer en nuestro país. La mortalidad por cáncer es mayor en los hombres (1012) con relación a la mujer (831). (1) Esto es debido a la mayor incidencia de tumores malignos como el pulmón (3:1) y el cáncer de estómago (2:1). Por el contrario, la incidencia de tumores malignos es mayor en las mujeres que en el hombre en una relación de 2222 a 2005. (Fig.3 y 4) Las tasas de incidencia y mortalidad son más altas entre los pobres. Importantes alteraciones en la nutrición y otras condiciones de vida antes y después del nacimiento producirán un individuo con mayores riesgos de enfermar y de responder menos favorablemente a los tratamientos. Estos factores en conjunto con factores sociales (familia, educación, etc.) que estructuran la identidad de la persona y su capacidad de enfrentar su entorno social hacen difícil modificar conductas que incidan en la defensa de su salud (organización, estilos de vida, etc.). El modo de enfrentar los mensajes de prevención y detección es completamente diferente al de los sectores socio económicos mas altos. Las condiciones de insalubridad y contaminación ambiental de los lugares de residencia de los pobres se suma a los factores antes mencionados. Igualmente los pobres terminan aceptando trabajos donde la seguridad de los ambientes laborales es desfavorable para su salud; ambientes en donde están en contacto con agentes carcinogénicos desprovistos de capacitación para la manipulación de los mismos y de equipos adecuados para su protección.
Por otro lado los pobres se encuentran en desventaja no solo para la prevención primaria si no también para el diagnóstico precoz y tratamientos oportunos y apropiados.