¿Eres pro o contra?. Espera, ¿podría flotar en medio de esas dos orillas?
¡No! ¡Debes decidirte.
¡Zafa!, yo creo en la no decisión y más todavía en el “no sé aún”.
Eutanasia, aborto, matrimonios gays, política, temprana educación sexual… son temas para los “depende”.
No puedo respetar a los pontificadores que hablan desde el elevado púlpito de su sabiduría y demonizan a quien no los escuche con la mente dormida y la boca abierta. Sordo estoy para los que se abrogan el derecho de ser ventrílocuos del pueblo.
El maniqueísmo es un mariquerismo. Es una endeble verticalidad. En las raras y cuestionables vainas humanas, son mejores las opiniones elásticas. La insencillez del mundo pulverizará los radicalismos.
¿Eres un defensor de la vida que no admitirá nunca el aborto? Bien, ¿con cuánto de tus entradas contribuirás a la manutención y educación del bebé que la madre soltera no puede (ni quiere) asumir? Por favor, no me vengas con que la vida es un mandato del Señor, porque la muerte también lo sería. ¿Qué el sagrado matrimonio no es para los homosexuales? ¿Va a impedir usted que parejas del mismo sexo vivan juntas? ¿No?, pues ¡a legalizarlos!
Qué, ¿repudia usted la eutanasia? Ojalá no pase los últimos años de su vida con un sufrimiento atroz, sin cura y sin remedio. ¿Que en la escuela primaria con más alto índice de niñas preñadas (perdonen la palabra, quiero impresionar mal), los padres de familia se opusieron al programa de educación sexual porque: «A mi niña no le van a hablar de porquerías»? Ahí tiene: siguen pariendo las criaturas.
Flotar en medio del pro-con no significa esquivar decisiones vitales. No como el gobernante aquel que antes de enfrentar los problemas serios de su país, prefiere tomar un avión y decir “Presente” en un lujoso banquete en el extranjero. Es probable que, al igual que yo, a ese señor también lo apabulla el principio de Brunilda, mujer de pocas palabras que trabajó en mi casa un tiempo. Un día le hice una pregunta difícil, y me fusiló con una ininteligible frase que me enseñó a no tomar partido en dilemas que no conozco a fondo: «Señor, yo de eso poco ignoro».