L eo en la página electrónica de la revista Times el artículo: “The world's strangest laws” (http://business.timesonline.co.uk), que recoge un compendio de las que ellos consideran las 25 normas jurídicas más extrañas ´(y hasta risibles) del planeta, comenzando por la última: “Es ilegal para un taxista en Londres llevar perros rabiosos o cadáveres”, hasta la que obtiene el primer lugar en la lista: “La cabeza de cualquier ballena muerta encontrada en la costa británica es, legalmente, propiedad del Rey; la cola, por el contrario, pertenece a la Reina, en caso de que requiera los huesos para su corsé”.
Luego de ponerme serio constato lo que es una verdad universal: todo es del color del cristal con que se mire. En efecto, en el mundo hay leyes incomprensibles, como hay proyectos políticos traídos por los cabellos, propuestas indecorosas y metidas de pata que las justifican. A fuerza de verlas y oírlas, las damos por entendidas y, a veces, amparamos nuestra aceptación diciendo que se trata de una cuestión semántica, pues en la red de las palabras caben peces de todos los colores y tamaños.
En un salón de clases, por ejemplo, me tocó escuchar a una estudiante preguntar: “Profesor, ¿por qué usted dice que ‘Ortega y Gasset afirma’…?” Cuando inquirí sobre la ubicación del error, ella me aclaró “Es que debe ser ‘Ortega y Gasset afirman’, en plural, ¿no cree?” A un colega le tocó pedir a sus estudiantes una lista de verbos en infinitivo; uno de estos, entre los de la tercera conjugación, colocó una belleza: “vesrugir”. Mosqueado por la cruz al lado de su verbo, el muchacho le explicó que el ejemplo lo tomó del Himno Nacional: “Ves-rugir a tus pies ambos mares…”
Una eximia catedrática contaba que una alumna le pidió un sinónimo de “efímero”, ella le dijo que “pasajero”, y la animó a escribir una oración con esa palabra, para afianzar lo aprendido. La muchacha anotó: “Un autobús con 50 efímeros fue detenido por…” Y en un curso sobre evaluación escolar recibimos un modelo de examen en el que la maestra anotó: “Los símbolos de la Patria son:” y enseguida colocaba tres rayas, las que completó un escolar con tres frases categóricas: “Para amarlos, para respetarlos, para defenderlos” (aún hoy aplaudo al niño).
Una vez me tocó guiar y evaluar la lectura de Edipo Rey en una escuela media. Cuando calificaba las pruebas, brilló entre ellas una respuesta; era la que afirmaba que el protagonista de la obra de Sófocles era “Eddie Porrey”. ¿Chanzas del estudiante? Tal vez, pero son esas minucias las que hacen que uno pierda la capacidad de asombro, y vea la lista de Times con cierta condescendencia.
Por ejemplo, ¿por qué merece el lugar 17 de la lista, la ley inglesa que dice que una mujer encinta puede, legalmente, orinar donde lo desee, incluso en el casco de un policía? No estamos en la Gran Bretaña, pero aquí, encinta o no, muchos parecen tener libertad de aliviarse de sus fluidos en cualquier parte. ¿Sí o no?
En Indonesia, según la listita en su posición número 14, la pena por masturbarse es la decapitación. ¡Vamos! ¿Y acá y acullá cuántos no pierden la cabeza por tal afición? Dice la número once que en El Salvador el conductor borracho puede ser castigado con la pena de muerte ante un pelotón de fusilamiento. Acá es al revés, los peatones ebrios, y varios que no, a menudo son ejecutados por (¡oh paradojas de la lengua!) pelotones que también conducen borrachos. Y llegamos al final del espacio… hasta el otro domingo.
Que la palabra te acompañe.