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El complot

Lo que se pretende hacer con nuestra sociedad en convertirla en masa servil. Eso se evita con la lectura, con el aprecio por el pensamiento crítico, con mirar hacia arriba y no alrededor.


Otra vez los franceses. Porque complot es uno de esos préstamos felices que enriquecen nuestra lengua. Y si ese término cae en manos del escritor argentino Ricardo Piglia, se convierte en una maravillosa teoría socio-literaria que se puede resumir de la siguiente forma: “la realidad es un complot y la literatura es un complot contra ese complot”. Brillantemente interesante. Búsquenla.

Un complot lo urden una o más personas contra alguien o contra un sistema. Aquí es fundamental el secretismo, la debilitación del conocimiento de la conjura por parte del que será objeto de la misma. Es necesaria cierta valentía y una conciencia muy clara de que la situación que se vive no es la idónea. Entonces se establecen alianzas, se buscan complicidades y a la hora y momento fijado, se descarga el plan que dará un vuelco a la realidad. A veces los resultados son inmediatos, otras no, pero lo cierto es que el complot es hoy más necesario que nunca.

Volviendo a Piglia, el complot ha dado mucha literatura. Es un recurso técnico para emprender historias, convirtiéndolo en el centro de la trama. Si contáramos el complot para matar a Remón, para empujar a Paredes a dar “el buen salto” según Noriega o el caso Watts, tendríamos muy buenas novelas, seguro. Pero yo hablo de un complot más profundo, uno del que todos debemos participar de ahora en adelante, justo desde hoy que elegimos Gobierno.

Ahora que no nos oye nadie: tú y yo vamos a hacer lo siguiente contra la realidad (que es un complot): urdir otro complot. Le llamaremos “Operación criterio”, y se sostiene en lo más básico y fundamental para la literatura: leer. Allí donde estemos, donde vayamos, leeremos un libro, aprenderemos poemas, descifraremos sistemas filosóficos, desenmascararemos políticas y conoceremos, a fuerza de leer, las técnicas narrativas de los grandes maestros. Nuestros centros de distribución serán las bibliotecas y librerías. Pero ojo, esto con la mayor discreción. Ahora, cuando nos digan una mentira, cuando nos quieran engañar diciéndonos rosa y es negro mate, les diremos que no, que no nos tomen por tontos que hasta aquí hemos llegado. Da igual quien sea: Presidentes, ministras, escritoras presuntuosas o catedráticos extranjeros que llegan para hacernos ver lo negro blanco. Podremos decir que no, porque estaremos preparados. El criterio es un arma tan importante y valiosa para la vida, que muchos de los antes citados le tienen miedo. Mejor que lo tengan, porque les estaremos acechando.

Mis hijas leen. La mayor mucho y la pequeña ya se arrancó por las noches, en voz alta, a ir juntando palabras. El otro día fuimos a una juguetería y en la entrada había un oso grandísimo de Lego. Al acercarse me dice “papá, aquí pone no tocar”. Celebré que ya, en esas pequeñas cosas, van mirando el mundo por sí mismas, ya no es la visión de su padre, es la suya interactuando con el conocimiento. Ellas también forman parte del complot.

Si nos pasamos otra legislatura más confiando en gobernantes que poco o nada saben de lo que es importante, nos va a ir muy mal. Es hora de que tomemos conciencia de lo que nos pasa y nos lo tomemos en serio. Recuerden que básicamente lo que se pretende hacer con nuestra sociedad en convertirla en masa servil. Eso se evita con la lectura, con el aprecio por el pensamiento crítico, con mirar hacia arriba y no alrededor.

Estaremos vigilando al que gane, da lo mismo. Últimamente la clase política es lo mismo con distintos colores. Pero a los ciudadanos de bien, a los que queremos pensar un Panamá mejor, no nos da lo mismo. Estaremos vigilándoles, atentos a cada cosa que hagan y gritaremos sin miedo, como el niño del cuento de Andersen, ¡el Rey está desnudo! O el Presidente, o el Ministro, o la escritora. ¿Se suman al complot? Panamá lo necesita hoy más que nunca.


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925822
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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