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El cuartito oscuro


Nadie sabía lo que sucedía en ese cuartito tan oscuro. La patrona de la casa nos contó que ella no se atrevía a entrar porque en noches de tormenta se escuchaban ruidos muy extraños. En los roperos había fantásticos disfraces. Pero, lo que se consideraba excepcional era el gran cofre de caoba.

-Es idéntico al ataúd de Drácula –me confesó doña Carolina.

Lo dijo con tanta firmeza que pensé que ella había estado presente en los funerales del noble vampiro.

Llegó la época de los carnavales. Los inquilinos éramos en su mayoría estudiantes y decidimos formar una comparsa.

 

Doña Carolina –le dije - Permítanos revisar los disfraces que hay en el cuartito oscuro.

Tuvimos una respuesta afirmativa. El asalto a los roperos fue divertido y eficaz. Sólo nos faltó buscar en el gran baúl, ya que fue imposible encontrar la llave para abrirlo.

Yo, alardeando de valiente, di unos cuantos toques sobre la tapa y dije:

 

-Estimado Conde Drácula. Necesito su capa para ir a representarlo en el carnaval. ¿Me la presta?

Todos los presentes celebraron la ocurrencia y el chiste fue uno más de los muchos formulados esa noche.

Pero a la mañana siguiente no reímos más; porque al llegar al cuartito oscuro a buscar los disfraces elegidos, encontramos que aunque el ataúd de Drácula continuaba herméticamente cerrado, sobre su cubierta había una antigua capa negra.

 

¿Quién la usó? No lo sé porque yo, ese mismo día, me mudé de la casa de huéspedes de doña Carolina.


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363077
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América