El desarrollo humano es a la vez necesario para incrementar la productividad de la Nación e indispensable para aumentar el bienestar y las libertades de todos los ciudadanos. El desarrollo social es un complemento íntimamente vinculado con el desarrollo humano, ya que implica la cohesividad de la comunidad, la cual se logra con valores culturales compartidos, con la comunicación eficiente y efectiva entre los asociados, y con un sentido de solidaridad humana que se comparte con la comunidad y la Nación.
Los indicadores internacionales de más de 100 países en el mundo muestran una estrecha relación entre el desarrollo humano, la competitividad y el crecimiento económico. Mayor desarrollo humano, mayor competitividad.
El desarrollo humano se logra aumentando la inversión en la capacitación física, intelectual y emocional de cada ciudadano, habilitándolo para la vida en sociedad, para entender al mundo y para aprovechar la información, los conocimientos y la tecnología moderna. Se logra también abriendo oportunidades para su participación constructiva en la vida nacional en todas las dimensiones, políticas, económicas, sociales y culturales. Se expande creando la mayor igualdad de oportunidades posibles para que los ciudadanos se desarrollen y participen conforme a sus talentos y esfuerzo propio.
El aumento en la capacitación humana incide significativamente en la competitividad del país aumentando el capital humano, en cantidad, calidad y cobertura. La incorporación eficaz de toda la población a la producción, al comercio y a los vínculos que crean los mercados económicos redunda en beneficio de un país más integrado, estable y cohesionado. Esto permite a su vez la orientación del desarrollo nacional hacia objetivos ampliamente compartidos dentro de los cuales cada persona y empresa busca realizar sus oportunidades y metas.
El índice de desarrollo humano de Panamá por provincias y comarcas nos indica las desigualdades y la falta de cobertura en el país. El índice promedio es (0.71). El de las comarcas indígenas fluctúa entre (0.36 a 0.45), Veraguas esta en (0.60) y Darién en (0.50) mientras que la provincia de Panamá está en (0.76).
Sabemos que 38% de los panameños (1.2 millones de habitantes) son pobres, que el 19% viven en pobreza extrema y que del total de los pobres 800, 000 se encuentran en áreas rurales. Su desarrollo humano es bajo, su vinculación con el mercado económico es mínima, su productividad es muy baja como también su participación política y social. Del total de pobres, 57% son menores de 20 años, 36% son adultos en capacidad de trabajar.
La mayor incorporación de toda esa población, con su capital humano incrementado, vinculándose a actividades económicas que aumenten su producción e ingresos, con apoyo de más capacitación, asistencia técnica, crédito y vinculación con los mercados y sistemas de información, aceleraría su integración a la economía nacional mejorando la competitividad del país y el bienestar de esa población.
Los casos exitosos que están ocurriendo ya señalan parte del camino. Por ejemplo, la creciente producción agropecuaria para la exportación de melones, sandías, piñas, zapallos, tubérculos, plantas ornamentales y medicinales, el potencial de plantaciones de palmas para producir bionergía, involucra a pequeños productores y trabajadores que están entre los grupos de pobreza. El aumento del turismo en todo el país, particularmente en Boquete y tierras altas, Bocas, San Blas, las playas de Coclé y de Los Santos, genera empleos y actividad para artesanos y pequeños productores rurales.
El crecimiento económico que se está dando contribuye pero no es suficiente para incorporar al bolsón de población pobre fuera del mercado. Para acelerar su incorporación, la educación, salud, nutrición, e información son esenciales. Se necesita aumentar su calidad, pertinencia, equidad y cobertura. Los programas de agua potable, vacunaciones, nutrición, salud preventiva, ya existentes, hay que expandirlos haciéndolo junto con las comunidades. Hay que subir la calidad de educación primaria y expandir la secundaria, involucrando también a la juventud en otros programas de tecnología de la información, deportes y otros. La preparación universitaria hay que orientarla hacia actividades que requieren más población capacitada. Se necesita diseñar programas y proyectos pertinentes para las comunidades indígenas que sean consistente con la perspectiva de su evolución cultural.
Esa atención para la juventud que se va a incorporar debe acompañarse del fortalecimiento y expansión de los programas de asistencia técnica, créditos, información, formación de clusters y encadenamientos para pequeñas empresas rurales y urbanas, incluyendo a cooperativas, que buscan contribuir con aumentos en producción para los mercados locales e internacionales. En el caso de la producción para la exportación, la vinculación de los productos con los procesadores y empacadores, con los transportistas y los mercados es esencial. Esto ya esta ocurriendo en parte, el actual gobierno lo ha incluido en sus programas, pero necesita una más alta prioridad y un enfoque estratégico más coordinado entre varia dependencias públicas nacionales y locales; y entre estos y los grupos humanos participantes.
Capacitar a la gente e integrarlos al mercado donde hay oportunidades es la mejor manera de acelerar el desarrollo humano, ampliando su cobertura y mejorando la competitividad del país.
El crecimiento económico que se está dando contribuye pero no es suficiente para incorporar al bolsón de población pobre fuera del mercado.