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El destino

Hasta los pinos del monte tienen su separación; unos sirven para santos y otros para hacer carbón. (Proverbio español).


Nacho venía corriendo entre el alboroto de los pelaos que salían de la escuelita de Guachapalí Arriba. Taita Goyo ya estaba esperándolo. El rancho quedaba lejos,  y nieto y abuelo iban trillo adelante como todas las tardes en animada conversa.

-- ¿Quiubo, Nachito? ¿Cómo le fue hoy en la escuela? ¿Qué le enseñó  la maestra? --Hoy la maestra nos estuvo hablando del destino.-- ¿Y qué es eso, mijo? Tú sabes que yo no tuve la suerte que tú tienes de ir a la escuela y aprender a leer. Esas cosas que vienen en los libros no las entiendo.--Dice la maestra que el destino es lo que Dios tiene guarda´o pa´ cada una de las personas. Dios dice “tú vas a ser albañil” o “tú vas a ser ingeniero” y cada uno va y es lo que Dios quiere que sea.-- Hombe, pues si lo dispone Papa Dios ¡ni modo! Pero ¿no habrá alguna forma de convencer a Dios pa´ que se lo cambie cuando uno esté viendo que ese destino va a ser bien jodido?--Dice la maestra que sí, que si uno trabaja bien duro puede cambiar su destino y hasta nos dijo un dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”.--Pues yo jallo que tu maestra se equivocó, porque yo me pasé la vida dando con el mazo, con el colin, con la coa y con to´ lo que había que dar y aquí me tienes viejo y tan pobre como cuando nací. Y tu papa lo mismo que yo, y tú vas por el mismo camino. --Bueno, yo no sé. Eso es lo que dice la maestra. A lo mejor es que nosotros no hemos tenido suerte.-- ¡Claro! Pero es que la suerte nunca la jondea Dios pa´onde estamos los pobres. Ahí tienes a don Porfirio, con más hectáreas que ninguno en la provincia. Su hijo tendría que ser ganadero como él, pero dicen que se gastó más de cien mil dolas en la campaña política, y ahora está de diputado ganando más plata que el viejo y con menos trabajo. Pa´ mí que esa cabuya que tu maestra llama destino no se rompe con el machete; se corrompe con el billete. Y esa vaina no puede ser cosa de Dios, sino del Diablu. Cuando por la noche apagaron la guaricha y todos dormían, sonó la voz misteriosa de un búho. Nachito se estremeció en el catre. Creyó oír al Destino que, con trinche, cachos y alas de murciélago, se había posado sobre las pencas de guágara del techo y se reía de los habitantes de aquel ranchito de quincha.


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357716
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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